IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Sembramos,
en la herida de un dios muerto,
neuronas de infeccioso razonamiento,
regamos con sangre,
fauces que devoran tiempos renacidos,
contribuimos
a una pesadilla inacabable,
en donde la eternidad trata
de efectuar nuestro propio sufrimiento,
volviéndonos presas
de nuestra incuestionable voluntad,
cuestionamos al perdido,
alabamos la ostentación
de toda incrédula esperanza,
cultivamos dolores florecidos,
en la piel del muerto,
semillas que serán
cimientos de arbólica petrificación,
en nuestras palmas,
ahora efímeras,
la suavidad vengativa,
del hurto de nuestra completitud.
en la herida de un dios muerto,
neuronas de infeccioso razonamiento,
regamos con sangre,
fauces que devoran tiempos renacidos,
contribuimos
a una pesadilla inacabable,
en donde la eternidad trata
de efectuar nuestro propio sufrimiento,
volviéndonos presas
de nuestra incuestionable voluntad,
cuestionamos al perdido,
alabamos la ostentación
de toda incrédula esperanza,
cultivamos dolores florecidos,
en la piel del muerto,
semillas que serán
cimientos de arbólica petrificación,
en nuestras palmas,
ahora efímeras,
la suavidad vengativa,
del hurto de nuestra completitud.