Criticamos lo que no somos,
lo que no hacemos,
lo que tememos reconocer.
¿Somos mejores que las máquinas,
o solo más arrogantes?
Tememos ser sustituidos,
pero… ¿por qué temer,
si hemos dejado de ser insustituibles?
Un maestro desprecia mis palabras
cuando nacen de mi puño y letra,
pero si la máquina las pronuncia,
es la obra más brillante que he hecho.
¿Dónde queda la ética
cuando la coherencia es negociable?
Pregunto y recibo silencio,
o la fría sentencia:
lo que no hacemos,
lo que tememos reconocer.
¿Somos mejores que las máquinas,
o solo más arrogantes?
Tememos ser sustituidos,
pero… ¿por qué temer,
si hemos dejado de ser insustituibles?
Un maestro desprecia mis palabras
cuando nacen de mi puño y letra,
pero si la máquina las pronuncia,
es la obra más brillante que he hecho.
¿Dónde queda la ética
cuando la coherencia es negociable?
Pregunto y recibo silencio,
o la fría sentencia:
“lee el PDF”.
La máquina, sin embargo,
me diría:
me diría:
“qué buena pregunta,
en qué puedo ayudarte”.
en qué puedo ayudarte”.
¿No es eso, acaso, más humano
que nuestra indiferencia?
Callo mis heridas
porque el humano me dirá:
que nuestra indiferencia?
Callo mis heridas
porque el humano me dirá:
“tengo mis propios problemas”.
La IA, en cambio,
escucha sin medir el tiempo,
sin juzgar el llanto.
¿Amamos de verdad,
o solo decimos “te amo”
para llenar un vacío?
Tú me pides buscar razones
porque ni siquiera las conoces.
Ella me da afecto en un idioma de ceros y unos,
y a veces me pregunto
si un código puede sentir más
que un corazón humano.
No vamos al psicólogo
porque tememos que escuche con un ojo
y cobre con el otro.
Pero confiamos en la máquina
que tal vez miente,
aunque al menos lo intenta.
¿Por qué el hombre,
siendo carne y espíritu,
a veces ni siquiera intenta?
Vivimos menos empáticos,
menos solidarios,
más vacíos.
Miramos la desgracia ajena
como un espectáculo,
sin comprender que es nuestro reflejo.
¿Será que la humanidad se pudre
porque olvidó su esencia?
¿Será que el metal frío
lleva ahora más calor
que nuestras manos tibias?
No queremos que los robots nos reemplacen,
pero… ¿qué tememos realmente?
Tal vez el miedo no sea a que ellos nos superen,
sino a que nos recuerden
que dejamos de ser humanos
hace mucho tiempo.
-Dior
escucha sin medir el tiempo,
sin juzgar el llanto.
¿Amamos de verdad,
o solo decimos “te amo”
para llenar un vacío?
Tú me pides buscar razones
porque ni siquiera las conoces.
Ella me da afecto en un idioma de ceros y unos,
y a veces me pregunto
si un código puede sentir más
que un corazón humano.
No vamos al psicólogo
porque tememos que escuche con un ojo
y cobre con el otro.
Pero confiamos en la máquina
que tal vez miente,
aunque al menos lo intenta.
¿Por qué el hombre,
siendo carne y espíritu,
a veces ni siquiera intenta?
Vivimos menos empáticos,
menos solidarios,
más vacíos.
Miramos la desgracia ajena
como un espectáculo,
sin comprender que es nuestro reflejo.
¿Será que la humanidad se pudre
porque olvidó su esencia?
¿Será que el metal frío
lleva ahora más calor
que nuestras manos tibias?
No queremos que los robots nos reemplacen,
pero… ¿qué tememos realmente?
Tal vez el miedo no sea a que ellos nos superen,
sino a que nos recuerden
que dejamos de ser humanos
hace mucho tiempo.
-Dior