Preciosa poesía nos regalas amigo.
Hay metáforas que no alcanzo a comprender pero una esencia tuya perfuma el poema conduciendome hacía senderos de amor que proponen tu condición y me hacen intuir ciertos retazos.
Se que nunca llegaremos quizá a lo sumo más allá de una franca mirada y esa coincidencia en las ideas que descubren los anhelos de tus peticiones, para mi utopicamente necesarias, o mejor realmente deseadas.
Y al final esa condena que te impones en introspección de un repaso, como de pecador confeso en un algo personal que de nuevo vuelvo a intuir pero no entiendo cuando pareces haber encontrado un camino hacia un sentido humano de la vida desde tu individualidad.
Me ha gustado mucho Álvaro, he hecho varias lecturas y siempre me identifico con alguna expresión, un pensamiento. Un poema magnífico, cadencia, musicalidad, contenido íntimo y a la vez universal, respuestas con preguntas personales...
Todo un placer sumergirme en tus versos, gracias por ello.
Un abrazo.
Jon
Vaya, Jon, tus comentarios sí que invitan al diálogo y estimulan la interacción. La verdad es que a mí, a poco que me tiren de la lengua, sí que me gusta dar explicaciones de lo que escribo.
La confesión que captas se refiere a un hecho muy concreto de mi pasado. Lleva rondándome desde hace tiempo la idea de escribir algo que podría titularse "la disculpa que nunca debiste merecer". Desde luego, en el poema está exagerado al límite. El hecho en sí, sin extenderme en deatalles, fue básicamente que, en mi antiguo planteamiento de guiarme por el sentimiento, acabé haciendo daño a quien quizá ha sido la persona más cercana a ser mi gran historia de amor. De esto me he dado cuenta con las perspectiva de los años. Entonces solo tenía mi gran sentimiento egocéntrico por ella y mi último acto desesperado cuando me dijo que estaba con otro fue mostrar el sentimiento, literalmente, hasta el último de los versos, sin pararme a pensar que no eran justos. Hay más referencias en mis escritos a este hecho.
En "Autosugestión de suicidio":
Conquisté tus lágrimas,
cofre de miserias ilícitas
que al avaro condena;
y cuánto pesa.
Conquisté tus lágrimas.
¿Qué son mis manos
sino cadalsos agarrotados?
En "En el altar del amor":
Estas son las calaveras de los sacrificios.
Estas son las lágrimas que no derramé a tiempo por ellas.
Aparte de suponer la ruptura total y definitiva del contacto con esta persona, aquel día se me derrumbaron los planteamientos románticos porque comprendí el peligro de actuar guiado principalmente por los sentimientos, el peligro de en cierto modo perder el control de uno mismo. Sin negar el sentimiento, ahora cuestiono su valor e intento definir mi humanidad apelando a más aspectos. El principal es conocerme lo suficiente, desvelar mis verdaderas motivaciones para poder actuar con una cierta libertad, y no arrastrado por respuestas quizá instintivas. Anhelo hacer las cosas siendo consciente de por qué las hago.
Así, en mi imaginería interior, todo lo que la racionalidad no abarca, como puede ser el dragón o los dioses, represena el sentimiento no elegido. En este poema la tormenta también tiene que ver con los sentimientos incontrolados. El humano es el que intenta elegir al menos sus acciones. El humano es también quien reconoce las debilidades de su naturaleza; no solo en sí mismo, sino también en sus semejantes, y piensa en la humanidad como colectivo que debería ayudarse a defenderse de esas debilidades. Así siempre coloco lo humano por encima de lo divino.
Ahora llevo unos meses en que mis sentimientos han crecido nuevamente a niveles sumamente intensos (ya leíste mi anterior publicación). Entonces apelo a mis errores del pasado y ella, como un fantasma amable, me recuerda que debo cumplir aquello de que su dolor sea el último que ejecuten mis manos. Tal vez ese error del pasado, ese pecado, me sirvió de comienzo de mi actual camino hacia el sentido humano que mencionas.
Así en este escrito me dirijo indistintamente a dos personas (o ya personajes en mi mente, pues sé que ando alejado de la realidad): a quien hice sufrir entonces y a quien hoy por nada del mundo haría daño. En cierto modo son la misma persona.
Un abrazo.