prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
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[TD="colspan: 2"]Una mujer amazona bautiza mi locura.
Su ejército de canarios disciplinados
que silban una caducidad del aire
y hablan un idioma difunto
como si fueran el vencimiento de la libertad,
transgrede mi felicidad de sombra inventada
por los entes cobardes de las colinas deforestadas.
La sangre del cemento
se derrama sobre precipicios de luz
cuando estoy a dos pasos de hervir creencias,
de suprimir la promesa de un nuevo canto de amanecer.
Desde mi cubículo
escucho las fachadas gemir, son ciervos deshabituados
a los huesos sin médula,
sueños de grafito pulverizados
sobre la arquitectura vertical de un barrio donde el dios del trigo se ausenta
cada día más.
Y me repito en cada muerte del reloj, en cada cuerda luminosa
que en estas fechas adorna pinos blancos, epopeyas de resina
por donde la espiral de la vida asciende a un muñeco de trapo.[/TD]
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[TD="colspan: 2"]Una mujer amazona bautiza mi locura.
Su ejército de canarios disciplinados
que silban una caducidad del aire
y hablan un idioma difunto
como si fueran el vencimiento de la libertad,
transgrede mi felicidad de sombra inventada
por los entes cobardes de las colinas deforestadas.
La sangre del cemento
se derrama sobre precipicios de luz
cuando estoy a dos pasos de hervir creencias,
de suprimir la promesa de un nuevo canto de amanecer.
Desde mi cubículo
escucho las fachadas gemir, son ciervos deshabituados
a los huesos sin médula,
sueños de grafito pulverizados
sobre la arquitectura vertical de un barrio donde el dios del trigo se ausenta
cada día más.
Y me repito en cada muerte del reloj, en cada cuerda luminosa
que en estas fechas adorna pinos blancos, epopeyas de resina
por donde la espiral de la vida asciende a un muñeco de trapo.[/TD]
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