Jcmch
Poeta veterano en el portal.
El cielo se abre en un espiral volátil de imaginación.
El suelo se extiende entre las sombras del paraje occidental.
Las hojas grisáceas tintinean silenciosamente entre la niebla.
La luna extiende sus matices lánguidas en el cenit de la lluvia.
La soledad se concentra en los cuerpos, fríos y estáticos de dolor.
Entre los cristales medievales del rocío,
se abren paso las aguas lóbregas y putrefactas del río.
Un placido remanso de lágrimas carnales, embotadas de miedo.
El aire danza en un sinfín torcaz infrahumano…
como las serpientes de Extremadura, que cantan una nota reptil.
Un humedal de mariposas nocturnas, de antenas plumeadas,
con crisálidas perdidas, ignominia de las religiones.
Un baño de dioses paganos en el río…
descansando sus agotados cuerpos de las fauces del infierno.
El calido humor del otoño, desfilando por las piedras sangrantes.
Cuervos nacen, de entre los ramajes purpúreos y desolados…
esa música pragmática, intrépida y acústica que duerme en la oscuridad.
Un par de cadáveres suicidas, una pareja de Titanes…
de sus cuellos abiertos brotan torrentes de delicia, lagunas de placer,
sangre alborotada y llameante, que se desliza a danzar con las aguas en calma.
La muerte, enferma y unánime. Un bello recuadro ha perseguido
Un sin sentido de sucesivos decorados.
Un sueño rasgado de témpanos. Un esbelto camino de congelación.
¡Que frágil susto habéis tenido, mi hermanito!
El suelo se extiende entre las sombras del paraje occidental.
Las hojas grisáceas tintinean silenciosamente entre la niebla.
La luna extiende sus matices lánguidas en el cenit de la lluvia.
La soledad se concentra en los cuerpos, fríos y estáticos de dolor.
Entre los cristales medievales del rocío,
se abren paso las aguas lóbregas y putrefactas del río.
Un placido remanso de lágrimas carnales, embotadas de miedo.
El aire danza en un sinfín torcaz infrahumano…
como las serpientes de Extremadura, que cantan una nota reptil.
Un humedal de mariposas nocturnas, de antenas plumeadas,
con crisálidas perdidas, ignominia de las religiones.
Un baño de dioses paganos en el río…
descansando sus agotados cuerpos de las fauces del infierno.
El calido humor del otoño, desfilando por las piedras sangrantes.
Cuervos nacen, de entre los ramajes purpúreos y desolados…
esa música pragmática, intrépida y acústica que duerme en la oscuridad.
Un par de cadáveres suicidas, una pareja de Titanes…
de sus cuellos abiertos brotan torrentes de delicia, lagunas de placer,
sangre alborotada y llameante, que se desliza a danzar con las aguas en calma.
La muerte, enferma y unánime. Un bello recuadro ha perseguido
Un sin sentido de sucesivos decorados.
Un sueño rasgado de témpanos. Un esbelto camino de congelación.
¡Que frágil susto habéis tenido, mi hermanito!