Pedro Darquea
Poeta asiduo al portal
Los soplos constantes
Desencadenan fuertes remolinos en la bruma,
Tele transportación brusca,
Hasta aparecer en blanco y explotar en la luz.
Ascienden gemidos delirantes
Cuyo vaho blasfemo las pupilas perfuma,
La mano arácnida, el fluido vital rebusca,
Desesperado, llena de pólvora el arcabuz.
El torso cede al martirio,
Mas sus piernas se plus dimensionan,
Alcanzando en varias realidades el nido,
Recuperándole a aquel lejano motor, sus crías.
Nunca le interesó la recompensa, ni el cirio,
Le vale más, cuando por revoluciones lo mencionan,
Que el vano hecho de haber herido,
Y quedarse para nunca con las manos frías.
Desencadenan fuertes remolinos en la bruma,
Tele transportación brusca,
Hasta aparecer en blanco y explotar en la luz.
Ascienden gemidos delirantes
Cuyo vaho blasfemo las pupilas perfuma,
La mano arácnida, el fluido vital rebusca,
Desesperado, llena de pólvora el arcabuz.
El torso cede al martirio,
Mas sus piernas se plus dimensionan,
Alcanzando en varias realidades el nido,
Recuperándole a aquel lejano motor, sus crías.
Nunca le interesó la recompensa, ni el cirio,
Le vale más, cuando por revoluciones lo mencionan,
Que el vano hecho de haber herido,
Y quedarse para nunca con las manos frías.