Una dualidad: noche/día enfrentados y en lucha por
estremecerse ante el sueño de vuelta e ida. Desgajado al final,
sentir que me he convertido surrealmente en un hombre de arroyos ,
creo que blancos.
HOMBRE DE ARROYOS BLANCOS (y vagabundos atardeceres)
Sintiendo como un azote de sugerencia
su perfecta lluvia,
entorpecido, soñando, entiendo como vibra el viento
reposado para recitar en susurros a las flores.
Veo entonces que ella está ahí,
bañada en la túnica secreta
de un agua en alborada.
Inconexo, augurio de sueños que se esfuman
desde el sabor del mediodía.
Un majestuoso tiempo que corre
entre los ritmos del una linfa clara y evaporada.
Ante mi lecho todo se esclarece,
brillos en un charco de luz
que es adorno en escarcha,
contemplando es la luna.
Ella me envía sus pensamientos alargados,
salientes y rocosos.
Se abre una brisa en abanico, casi desnuda,
axioma de soledades.
Y cada noche
contemplar ese velo trazado entre vigilias.
Oigo, te llamo.
Oscuridades para besar ese rostro de espejo.
¡Estas conmigo!
Tu saludo, solo sudor desojado entre calmas,
pues tu voz se enreda en el significado del beso.
Está hermoso el claro en la luna, ebrio
confabulado con los deseos de brumas.
Un mismo corazón para dejarlo abierto en las primaveras,
y mecerlo en las ramas de un sauce de brillos
flanqueados de resonancias,
que se apoderan
de las flores amplias y evaporadas del amor.
Llega la aurora, extremo desembarazado de sombras,
se vierte y amplia un camino exento y atrayente,
donde las islas de colores verdes se abren
para recibir la geometría de los colores.
Un camino descubierto
que me convierte
en hombre de arroyos blancos
y vagabundos atardeceres.
* * * * * * *
(luzyabsenta)
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