Quiero salir de este encierro, ver más allá de mis ojos,
dejar de sobrevivir y comenzar por fin a vivir.
Y aquí es donde comienza mi conflicto,
vivo sumergida en la oscuridad, ¿cómo explicarlo?, es como ser adicto.
Camino en el túnel de la melancolía, maldigo mi pasado y rechazo mi futuro,
me encierro en mi mente, en mi mundo, en el cual todo es como yo quiero.
Estoy yo y mi soledad, la soledad me acompaña,
y la música oficia de centinela para que no sea perturbado nuestro momento abstracto.
Intento incorporarme, pero no puedo, ella no me deja,
me convence y me quedo allí, perpetua, muda pero ya no inconsciente.
Me levanto decidida, intenta detenerme pero misteriosamente esta vez no puede,
miro hacia atrás, hacia el rincón donde quedaron mi música y mi soledad,
pero sigo con paso firme, a lo lejos veo una veta de luz, esa es mi meta.
Camino por un sendero oscuro en cuyos lados hay imágenes, mi infancia, mi adolescencia,
mi madre, mi primer amor y el dolor, la angustia, el desencanto, el odio y el rechazo.
por fin llego, no estoy segura de dar el paso definitivo, pero aún así lo hago y mientras voy cruzando la barrera impalpable escucho los cantos fúnebres de mi música y los sollozos de mi compañera de vida, pero no pienso y sigo.
Un mundo de colores hay a mi alrededor, risas, gente, bailes, niños, amor, amistad, alegría.
Enceguecida, atónita, perpleja e inmóvil comencé a ver la otra cara de esta realidad que se disfrazaba como buena.
Llantos, engaños, traiciones, falsa felicidad, hipocresía.
Definitivamente éste no era mi mundo, yo ya estaba por fuera del sistema y nunca podría volver a él, de mis ojos brotaron gotas de mar que orillaban el polvo del tiempo, sin titubear giré rápidamente antes de que todo eso me alcanzara y corrí lo mas rápido que pude, llegué a mi túnel eterno melancólico, pasé toda mi vida en segundos nuevamente, y llegué a mi rincón oscuro y allí estaban como siempre, esperando mi regreso, en mi mundo , en mi oscuridad, la soledad me abrazo y nos quedamos allí juntas y la música, claro, una vez más ofreció de centinela para que nadie perturbara nuestro momento abstracto.
dejar de sobrevivir y comenzar por fin a vivir.
Y aquí es donde comienza mi conflicto,
vivo sumergida en la oscuridad, ¿cómo explicarlo?, es como ser adicto.
Camino en el túnel de la melancolía, maldigo mi pasado y rechazo mi futuro,
me encierro en mi mente, en mi mundo, en el cual todo es como yo quiero.
Estoy yo y mi soledad, la soledad me acompaña,
y la música oficia de centinela para que no sea perturbado nuestro momento abstracto.
Intento incorporarme, pero no puedo, ella no me deja,
me convence y me quedo allí, perpetua, muda pero ya no inconsciente.
Me levanto decidida, intenta detenerme pero misteriosamente esta vez no puede,
miro hacia atrás, hacia el rincón donde quedaron mi música y mi soledad,
pero sigo con paso firme, a lo lejos veo una veta de luz, esa es mi meta.
Camino por un sendero oscuro en cuyos lados hay imágenes, mi infancia, mi adolescencia,
mi madre, mi primer amor y el dolor, la angustia, el desencanto, el odio y el rechazo.
por fin llego, no estoy segura de dar el paso definitivo, pero aún así lo hago y mientras voy cruzando la barrera impalpable escucho los cantos fúnebres de mi música y los sollozos de mi compañera de vida, pero no pienso y sigo.
Un mundo de colores hay a mi alrededor, risas, gente, bailes, niños, amor, amistad, alegría.
Enceguecida, atónita, perpleja e inmóvil comencé a ver la otra cara de esta realidad que se disfrazaba como buena.
Llantos, engaños, traiciones, falsa felicidad, hipocresía.
Definitivamente éste no era mi mundo, yo ya estaba por fuera del sistema y nunca podría volver a él, de mis ojos brotaron gotas de mar que orillaban el polvo del tiempo, sin titubear giré rápidamente antes de que todo eso me alcanzara y corrí lo mas rápido que pude, llegué a mi túnel eterno melancólico, pasé toda mi vida en segundos nuevamente, y llegué a mi rincón oscuro y allí estaban como siempre, esperando mi regreso, en mi mundo , en mi oscuridad, la soledad me abrazo y nos quedamos allí juntas y la música, claro, una vez más ofreció de centinela para que nadie perturbara nuestro momento abstracto.