Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Bienaventurada
seas Madre Lilith,
señora del edén.
En ti esta el infierno,
en tu piel de Diosa
esta el fruto prohibido,
por ti suspiran los corazones infernales.
Subyúgame con tu amor,
toma mi miserable humanidad.
A ti acudo cuando los demás
huyen de tu hermosa presencia.
A ti debe honor
el hombre caído,
pues tu fuiste la primera.
Bebe la sangre del cáliz impío de mi cuerpo
y toma mi semilla
y haz con ella una flor,
un alma negra como la misma noche.
Regálame un beso de tus labios,
en ti no hay pecado primero
ni pecado mortal,
en ti esta la gloria de los demonios.
Acaríciame suavemente
en esta noche insomne
y guarda mi alma
cuando deje la existencia.
Sebastian Dusalgi
seas Madre Lilith,
señora del edén.
En ti esta el infierno,
en tu piel de Diosa
esta el fruto prohibido,
por ti suspiran los corazones infernales.
Subyúgame con tu amor,
toma mi miserable humanidad.
A ti acudo cuando los demás
huyen de tu hermosa presencia.
A ti debe honor
el hombre caído,
pues tu fuiste la primera.
Bebe la sangre del cáliz impío de mi cuerpo
y toma mi semilla
y haz con ella una flor,
un alma negra como la misma noche.
Regálame un beso de tus labios,
en ti no hay pecado primero
ni pecado mortal,
en ti esta la gloria de los demonios.
Acaríciame suavemente
en esta noche insomne
y guarda mi alma
cuando deje la existencia.
Sebastian Dusalgi