lapeque
Exp..
Alabo a Dios con devoción profunda
por la dicha infinita de mirarte durmiendo placidamente
entre los brazos llenos de amor de tu orgulloso padre.
Y es que irradias ternura
y es que ahuyentas dolores,
y las preocupaciones de la vida,
a tu sonrisa inocente se convierten
en pompas de jabón que el viento desvanece.
¡Qué dicha de tenerte!,
¡Cuánto gozo es mirarte crecer
entre muñecos y peluches
que abrazas con amor y que disfrutas tanto,
como yo disfruto acariciar tu chatita nariz
y tus cachetes colorados!
Mi niño, ¡Cuánto debo a Dios
la alegría inmerecida de ser tu madre,
de escuchar en tus labios melodiosamente
la palabra "mami",
de ver tus manitas extendidas pidiendo que te levante,
y abrazarte como le hago a tu padre!
Pero hoy mi corazón sobresaltado
cuenta se dio que te han salido alas, pues las manos
que antes me buscaban de las mías se escaparon,
y temblé sin quererlo,
y caí en la cuenta que mi niño ya no era tan niño
y que buscaba a la mujer que lo enamorara
Y de bronca grite
pidiendo a Dios que no se hiciera daño,
que lo cuidara de todo lo malo
de alguna furtiva cazadora que con engaños
caer le hiciere en tentación y llanto,
porque a fin de cuentas y aunque vuele alto,
sigue siendo mi niño, el niño de mis brazos.
por la dicha infinita de mirarte durmiendo placidamente
entre los brazos llenos de amor de tu orgulloso padre.
Y es que irradias ternura
y es que ahuyentas dolores,
y las preocupaciones de la vida,
a tu sonrisa inocente se convierten
en pompas de jabón que el viento desvanece.
¡Qué dicha de tenerte!,
¡Cuánto gozo es mirarte crecer
entre muñecos y peluches
que abrazas con amor y que disfrutas tanto,
como yo disfruto acariciar tu chatita nariz
y tus cachetes colorados!
Mi niño, ¡Cuánto debo a Dios
la alegría inmerecida de ser tu madre,
de escuchar en tus labios melodiosamente
la palabra "mami",
de ver tus manitas extendidas pidiendo que te levante,
y abrazarte como le hago a tu padre!
Pero hoy mi corazón sobresaltado
cuenta se dio que te han salido alas, pues las manos
que antes me buscaban de las mías se escaparon,
y temblé sin quererlo,
y caí en la cuenta que mi niño ya no era tan niño
y que buscaba a la mujer que lo enamorara
Y de bronca grite
pidiendo a Dios que no se hiciera daño,
que lo cuidara de todo lo malo
de alguna furtiva cazadora que con engaños
caer le hiciere en tentación y llanto,
porque a fin de cuentas y aunque vuele alto,
sigue siendo mi niño, el niño de mis brazos.