Ibrahim Sadhid
Poeta recién nacido
En la turbulencia de este viaje,
ella y yo, olvidamos el equipaje,
no hay meta, no hay destino,
disfrutamos juntos el camino,
abrazados fuertemente,
nos lazamos al vacío.
Su beso me seca la boca,
comienzo a sentirla en mi sangre.
ella cura mi dolor, mis ansias locas,
altera mi pensamiento, me arde.
Mi cabeza sobre sus piernas,
sus manos blancas juegan con mis cabellos,
susurra frases a mis oídos,
ella hace lo que quiere, no soy su dueño,
siento el cuerpo relajado, quieto,
ella induce el sueño, el bostezo
viajamos nuevamente en el metro.
¡Ven!, ¡salta!, dice ella,
¡oh vida! ¿Qué siento?, respondo,
ella grita desesperadamente,
las luces golpean mi ojos,
ella se aferra a mi cuerpo,
nos precipitamos velozmente al hoyo,
la brisa se desliza en mi cara.
reímos como dos tontos.
De pronto:
un tambor ruidoso en mi pecho,
sensación de encierro, descontento,
no respiro, no estoy muerto,
prontitud, ruido, aire fresco,
aroma de menta, un deleite,
un alivio, risas, juegos,
siento vértigo, vuelo, ¡tiemblo!
Un silencio sepulcral flota en ambiente,
en la noche tenebrosa y fría,
mi cuerpo es liviano, astral, silente,
comprendo al fin ella no es mía.
Soy un niño que por la maldad amada,
eligió el éxtasis como destino,
mujer de ensueño que te pierdes en la nada,
vivo en la penumbra de tu amor asesino,
heroína de guerra, de mis ansias locas,
déjame que te bese nuevamente en la boca.
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