Este poema explora la naturaleza paradójica y cambiante de la existencia y las emociones. La imagen del cruce entre hielo y agua simboliza la transición constante, donde conceptos opuestos como siempre y nunca, o la sed y el agua, se entrelazan y se confunden. La búsqueda emocional se revela como algo intenso y abrupto, semejante al encuentro del viento con la roca: una fuerza natural que provoca cambio y resistencia al mismo tiempo. En esencia, el poema nos habla de la fluidez de la vida y de cómo en la aparente contradicción se encuentra la verdad profunda de nuestras experiencias.
Y en esa danza efímera,
el hielo se funde en susurros,
el agua se vuelve viento,
y la roca escucha, paciente,
la melodía del tiempo que no cesa.
Cada gota es un fragmento de memoria,
cada ráfaga un latido escondido,
y en el cruce, donde todo se encuentra y se disuelve,
reside el misterio de ser y no ser,
de buscar y encontrar,
de sentir el vacío lleno de vida.
Saludos cordiales