poetakabik
Poeta veterano en el portal
Hay algo en ti que ignoro y me desvela,
una quietud de luz desconocida;
presiento que en tu aliento late vida
que al roce se convierte en roja estela.
No sé tu nombre… y, sin saberlo, siento
que un soplo antiguo, leve, me confía
la esencia que en tu piel se desafía
como un susurro noble del viento.
A veces te imagino entre mis manos,
temblor de luna viva en mi costado;
y en ti descubro un sueño trasladado
desde los cielos íntimos y arcanos.
Tu sombra se adelanta a mis deseos,
como si leyera el pulso de mi pecho;
y un vértigo de fuego —tan estrecho—
recorre mis palabras y mis ruegos.
¿Quién eres tú, que abres mis fronteras
con sólo un gesto tenue y contenido?
¿Quién eres tú, que despiertas lo dormido
y enciendes mis auroras verdaderas?
Si pienso en ti, regresa la ternura
que el tiempo había ocultado en su condena;
mas tu presencia pulsa, viva, llena,
y embriaga mi razón con su dulzura.
Tu boca —eco de un cielo sin medida—
no ha rozado jamás la piel del día,
pero en mi sangre nace todavía
la insinuación de su latido en vida.
Y entonces tiemblo, y todo se hace rito,
un claro sacramental de tu misterio;
en mí renace el tacto del imperio
que deja el ansia dulce en lo infinito.
No pido más que oír tu leve historia
pronunciada en el borde de la noche;
yo seré quien derrame el alba en broche
y en tu silencio asiente su memoria.
Si alguna vez tus párpados se abrieran
sobre la luz que a solas te sostiene,
mi alma será un hechizo que te envuelve…
y en ti mis soledades florecierán.
Así, sin nombre, sigues siendo mía,
no por posesión, sino por viento;
te guardo en el sagrario del intento
que late entre la carne y la poesía.
Y aunque jamás rozáramos la llama
que el cuerpo al deseo le concede,
solo tu sombra basta, y siempre quede
mi corazón ardiendo en viva llama.
una quietud de luz desconocida;
presiento que en tu aliento late vida
que al roce se convierte en roja estela.
No sé tu nombre… y, sin saberlo, siento
que un soplo antiguo, leve, me confía
la esencia que en tu piel se desafía
como un susurro noble del viento.
A veces te imagino entre mis manos,
temblor de luna viva en mi costado;
y en ti descubro un sueño trasladado
desde los cielos íntimos y arcanos.
Tu sombra se adelanta a mis deseos,
como si leyera el pulso de mi pecho;
y un vértigo de fuego —tan estrecho—
recorre mis palabras y mis ruegos.
¿Quién eres tú, que abres mis fronteras
con sólo un gesto tenue y contenido?
¿Quién eres tú, que despiertas lo dormido
y enciendes mis auroras verdaderas?
Si pienso en ti, regresa la ternura
que el tiempo había ocultado en su condena;
mas tu presencia pulsa, viva, llena,
y embriaga mi razón con su dulzura.
Tu boca —eco de un cielo sin medida—
no ha rozado jamás la piel del día,
pero en mi sangre nace todavía
la insinuación de su latido en vida.
Y entonces tiemblo, y todo se hace rito,
un claro sacramental de tu misterio;
en mí renace el tacto del imperio
que deja el ansia dulce en lo infinito.
No pido más que oír tu leve historia
pronunciada en el borde de la noche;
yo seré quien derrame el alba en broche
y en tu silencio asiente su memoria.
Si alguna vez tus párpados se abrieran
sobre la luz que a solas te sostiene,
mi alma será un hechizo que te envuelve…
y en ti mis soledades florecierán.
Así, sin nombre, sigues siendo mía,
no por posesión, sino por viento;
te guardo en el sagrario del intento
que late entre la carne y la poesía.
Y aunque jamás rozáramos la llama
que el cuerpo al deseo le concede,
solo tu sombra basta, y siempre quede
mi corazón ardiendo en viva llama.
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