guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Su mirada cansada y silenciosa
Se clavaba en el gris cielo
Mientras que el mar dibujaba sirenas
Que ya no tararean canciones enamoradas
Su rostro parecía abrumado por el tiempo
Y la bruma avanzaba por el lejano celeste
Deseando huir al este con el sensible viento,
Ella todavía, sin ser bruma, pedía escapar hacia la noche
De pie tomo pasó ligero por el desierto
Llegando a la mar que la fue abrigando
En su descolorida inmensidad,
Se dejo abatir por su marea, por sus notas y
Por las olas llenas de majestuosidad
La luna dibujaba un sendero en la vieja mar,
De reflejo blanco en medio del azul oscuro,
Venus a la izquierda, Marte a lo lejos,
En medio ella, en el sendero, en la luz,
En la oscuridad de su corazón,
En el agobio de su ser, en lo ajeno de ese acto
Y lo infinito del firmamento,
Yacía inerte pero vividamente flotando
Su pálido cuerpo tenía temblores,
Era hora, siempre lo había sido para ella,
Desde que sintió el vacío y la belleza,
De la suave seda que cubría sus senos
Apareció una dorada daga,
Jugo con ella, cortaba la luna,
La separaba de Venus, para que solo sea suya
Apretando la empuñadura de rubí,
La deslizo por sus quebradas venas,
Por el perfume de sus muñecas,
La sangre fue dibujando dos alas
Que volaban al paso de cada ola,
Luego, antes de desvanecerse al llorar,
Perforo su blanco corazón en una explosión
De muerte que remeció a la mar
Ahora yace muerta, igual de bella,
De su pecho emana vida, alma,
Y va tiñendo el sendero
Pintando todo el blanco camino,
Alcanzado a la luna, que deja su palidez
Para ser parte de ella, para ser roja
Y entender que el dolor es inmortal
Se clavaba en el gris cielo
Mientras que el mar dibujaba sirenas
Que ya no tararean canciones enamoradas
Su rostro parecía abrumado por el tiempo
Y la bruma avanzaba por el lejano celeste
Deseando huir al este con el sensible viento,
Ella todavía, sin ser bruma, pedía escapar hacia la noche
De pie tomo pasó ligero por el desierto
Llegando a la mar que la fue abrigando
En su descolorida inmensidad,
Se dejo abatir por su marea, por sus notas y
Por las olas llenas de majestuosidad
La luna dibujaba un sendero en la vieja mar,
De reflejo blanco en medio del azul oscuro,
Venus a la izquierda, Marte a lo lejos,
En medio ella, en el sendero, en la luz,
En la oscuridad de su corazón,
En el agobio de su ser, en lo ajeno de ese acto
Y lo infinito del firmamento,
Yacía inerte pero vividamente flotando
Su pálido cuerpo tenía temblores,
Era hora, siempre lo había sido para ella,
Desde que sintió el vacío y la belleza,
De la suave seda que cubría sus senos
Apareció una dorada daga,
Jugo con ella, cortaba la luna,
La separaba de Venus, para que solo sea suya
Apretando la empuñadura de rubí,
La deslizo por sus quebradas venas,
Por el perfume de sus muñecas,
La sangre fue dibujando dos alas
Que volaban al paso de cada ola,
Luego, antes de desvanecerse al llorar,
Perforo su blanco corazón en una explosión
De muerte que remeció a la mar
Ahora yace muerta, igual de bella,
De su pecho emana vida, alma,
Y va tiñendo el sendero
Pintando todo el blanco camino,
Alcanzado a la luna, que deja su palidez
Para ser parte de ella, para ser roja
Y entender que el dolor es inmortal