samsahara
Poeta fiel al portal
Habitarme Rota
No de los que se admiran,
sino de los que se sostienen con miedo,
con manos temblorosas
y olas amenazando desde lejos.
Cada día despierto
y algo dentro de mí se ha caído.
Una torre,
una puerta,
un rincón donde antes había luz.
Y, sin embargo,
me agacho,
recojo lo que queda,
y empiezo de nuevo.
No porque quiera,
sino porque no sé hacer otra cosa
que seguir.
A veces el viento me dice
que no vale la pena,
que lo simple sería dejar que todo
se hunda.
Pero hay algo en mí
que aún se aferra al borde,
aunque no sepa por qué.
Vivo así:
reparando lo que nadie ve,
poniendo atención
en cada grieta que la tristeza deja.
Y aunque parezca que no avanzo,
sigo aquí,
levantando lo que puedo
con lo que tengo.
Pero esta vez fue distinto.
Esta vez,
no fue la marea.
Fuiste tú.
Y no sé si fue intencional,
o si solo no viste
lo mucho que me costó
confiar.
Lo mucho que me cuesta
cada día
mantenerme en pie.
No me destruiste.
Pero sí me hiciste más difícil
el trabajo que ya era agotador.
Y aun así —mira—
sigo aquí,
recogiendo granos de mí misma,
intentando salvar lo que queda
sin rendirme del todo. Entre silencios externos que agotan y ruidos internos que matan y duelen como si existiera un trozo de vidrio rotó en el fondo del corazón, que sigue bombeando sangre para evitar extinguirse
Mi castillo no es bonito.
No es fuerte.
Pero es mío.
Y lo he levantado
con más dolor del que imaginas.
Mi castillo no es perfecto.
Tiene cicatrices de marea,
huellas que no se borran.
Pero sigue en pie.
Sigo en pie.
Y aunque la confianza ya no luzca igual,
aunque la arena se me escape entre los dedos,
solo quiero que el mundo sepa
que estoy viva.
Que sigo reconstruyéndome,
aunque otra vez,
me duela esa lucha que no tiene gritos.
Si no un silencio,
ojos cansados,
y castillos reconstruidos en la sombra.
Pero sigue siendo mía.
Y mientras quede un solo grano,
yo seguiré construyéndome.