Évano
Libre, sin dioses.
Rota la noche de ayer,
los hilos de alma revuelan
deshilachados de luz,
como pelusas nevando
sobre las cruces de siempre.
Caen los lúcidos copos
como ojos que ahora ven
la mentira de los pasos,
de los paisajes de cada
momento que imaginamos.
Sueños de la noche ilusa
fueron los días de vida
que tuvimos en la oscura
noche de nosotros mismos,
noche de vosotros mismos.
Vuelvo a la tumba del vientre,
al primer y único vientre
de toda la humanidad.
Vuelvo a enterrarme conmigo,
junto al sueño de mí mismo.
Vuelvo el rostro a un lado y veo
al único vientre, a mi madre
entre cruces que se extienden
a lo largo y ancho de todo
de todo el único vientre.
Ha de ser ahora el otro
el que vague catacumbas,
el que vaya por los únicos
cordones umbilicales,
por los sueños de sí mismos.
El día es paso que va
a donde siempre estuvimos,
a la tumba del vientre único,
donde se crean las vidas
y la muerte de uno mismo.
los hilos de alma revuelan
deshilachados de luz,
como pelusas nevando
sobre las cruces de siempre.
Caen los lúcidos copos
como ojos que ahora ven
la mentira de los pasos,
de los paisajes de cada
momento que imaginamos.
Sueños de la noche ilusa
fueron los días de vida
que tuvimos en la oscura
noche de nosotros mismos,
noche de vosotros mismos.
Vuelvo a la tumba del vientre,
al primer y único vientre
de toda la humanidad.
Vuelvo a enterrarme conmigo,
junto al sueño de mí mismo.
Vuelvo el rostro a un lado y veo
al único vientre, a mi madre
entre cruces que se extienden
a lo largo y ancho de todo
de todo el único vientre.
Ha de ser ahora el otro
el que vague catacumbas,
el que vaya por los únicos
cordones umbilicales,
por los sueños de sí mismos.
El día es paso que va
a donde siempre estuvimos,
a la tumba del vientre único,
donde se crean las vidas
y la muerte de uno mismo.
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