Cristina Chaca
Poeta recién llegado
Me gusta cuando las hojas suspenden su sueño bajo la insistencia de mis zapatos, el corazón de las nueces, el mortero y el aroma a pimienta verde recién molida.
Los misteriosos trinos con los que me habla el pino por la mañana y la destreza del amanecer que no cesa de inventarle puertas al cielo .
Me gustan los invisible broches con los que la lluvia cuelga sus gotas en el jardín.
Los secretos que anuncian los crujidos de una puerta, una carta por abrir no siempre son facturas , y los que provienen del otro lado del mar.
No me gustan los cinco minutos de espera, que tu tiempo me robe tiempo, la palabra que llega sola, sin la mirada del que la enuncia.
La mentira burda, la excusa inconsistente por falta de imaginación.
El bostezo de las vidas circulares.
Me disgusta la pobreza inventada, esta nuestra de cada día y la avaricia que condena.
Me rebela la injusticia cotidiana, la justificación del golpe, el abuso de poder que el mediocre ejerce con exceso de perseverancia.
Detesto la palabra fácil y el verso no logrado, sobre todo, cuando es mío.
©Cristina Chaca
Los misteriosos trinos con los que me habla el pino por la mañana y la destreza del amanecer que no cesa de inventarle puertas al cielo .
Me gustan los invisible broches con los que la lluvia cuelga sus gotas en el jardín.
Los secretos que anuncian los crujidos de una puerta, una carta por abrir no siempre son facturas , y los que provienen del otro lado del mar.
No me gustan los cinco minutos de espera, que tu tiempo me robe tiempo, la palabra que llega sola, sin la mirada del que la enuncia.
La mentira burda, la excusa inconsistente por falta de imaginación.
El bostezo de las vidas circulares.
Me disgusta la pobreza inventada, esta nuestra de cada día y la avaricia que condena.
Me rebela la injusticia cotidiana, la justificación del golpe, el abuso de poder que el mediocre ejerce con exceso de perseverancia.
Detesto la palabra fácil y el verso no logrado, sobre todo, cuando es mío.
©Cristina Chaca