Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Guerra
Azota el viento la noche,
entre la llovizna
su manto helado
contra la carne
y contra las plantas
desnudas,
que se sacuden
brutalmente,
queriendo arrancarse de cuajo
en cada vaiven,
buscando reparo
aunque les cueste la vida.
Braman,
con sus pocas hojas
que les quedan,
y chillan
sus ramas,
implorando la paz.
Mis manos, ya rojas,
mojadas,
que duelen y se duermen,
parecen espejos del cielo;
Rojizo, renegrido e inmóvil panorama.
Nadie por los caminos.
Ni los perros. Ni las hojas.
Ni los caracoles recorren el pasto.
Ni el humo de las estufas de los vecinos.
Solo las luces blancas de la calle,
que parecen duchas de hielo,
los decoran.
Ya el té calentó mi pecho
y mis manos recuperaron su blancor.
Allá afuera sigue la guerra;
me lo hace saber el silbo de las ramas
y los azotes del viento en la pared.
Miro mis manos,
y cada vez se parecen más a las de él...
Le doy otro sorbo al té,
prendo la televisión,
subo el volumen,
escribo estas lineas
y es en vano:
la guerra no solo es afuera.
Azota el viento la noche,
entre la llovizna
su manto helado
contra la carne
y contra las plantas
desnudas,
que se sacuden
brutalmente,
queriendo arrancarse de cuajo
en cada vaiven,
buscando reparo
aunque les cueste la vida.
Braman,
con sus pocas hojas
que les quedan,
y chillan
sus ramas,
implorando la paz.
Mis manos, ya rojas,
mojadas,
que duelen y se duermen,
parecen espejos del cielo;
Rojizo, renegrido e inmóvil panorama.
Nadie por los caminos.
Ni los perros. Ni las hojas.
Ni los caracoles recorren el pasto.
Ni el humo de las estufas de los vecinos.
Solo las luces blancas de la calle,
que parecen duchas de hielo,
los decoran.
Ya el té calentó mi pecho
y mis manos recuperaron su blancor.
Allá afuera sigue la guerra;
me lo hace saber el silbo de las ramas
y los azotes del viento en la pared.
Miro mis manos,
y cada vez se parecen más a las de él...
Le doy otro sorbo al té,
prendo la televisión,
subo el volumen,
escribo estas lineas
y es en vano:
la guerra no solo es afuera.