Halloran
Poeta asiduo al portal
¡GRITAD, POETAS!
Gritad, poetas...
¡GRITAD!
Elevad vuestros cantos bellos
y acallad los gritos de esta noche.
Venced al sonido horrísono
del llanto y de la impotencia.
Gritad, poetas,
porque en la calle Perdón, 7,
ayer, cuando bajaba la Paz
a visitar a la Esperanza,
la sorprendió en el portal
una jauría de txakurras.
Gritad, poetas,
porque vencieron su resistencia
y la forzaron.
Gritad porque se tiñieron sus muslos
del rojo de la inocencia
cuando destruyeron su himen
penetrándola con violencia,
porque sus pechos dulces se tiñieron
de su propia sangre
por los arañazos de las garras,
porque su cuerpo entero
se tiñó con el color de mil esputos,
porque inundaron sus entrañas
con un semen negro y espeso.
Gritad, poetas,
porque la preñaron de muerte.
Gritad como gritó ella pidiendo auxilio sin saber
que quien había de defenderla
era quien había coordinado la afrenta.
Gritad, poetas,
porque ayer se hizo de noche y la noche será larga.
Gritad, poetas,
porque anoche nos despertamos
de madrugada
empapados de sudor frío
con las bombas
con los disparos
con la sangre
con el llanto
con los gritos
con el dolor
de nuevo fresco en la memoria.
Gritad, poetas,
porque se ha abierto la tierra
y ha escupido cadáveres y despojos:
ya no los quiere,
ya no los ama
porque los hijos de los hombres
los han despreciado.
Gritad, poetas,
porque ha comenzado el negocio
de los mercachifles del Templo moderno,
porque comienza el regateo,
porque un muerto vale dos céntimos
y un miembro amputado uno cincuenta.
Gritad, poetas,
porque han malbaratado las lágrimas.
¡Necesito que gritéis!
¡Os necesitamos, poetas!
Ayer pusieron punto final a la historia.
Ayer se callaron, para siempre,
Alberti, Espronceda, los Machado,
Miguel Hernández, Lorca, Garcilaso,
Altoaguirre, Neruda, Góngora,
Aleixandre, Darío, Jiménez,
Quevedo y Cervantes y Lope,
Zorrilla, Cernuda, Ángel González,
José Hierro, Blas de Otero, Vallejo,
Pedro Salinas, Vicente Huidobro, Bécquer
y tantos otros que en el mundo hubo.
Se han callado porque les han robado
la palabra, el sentido, el significado.
Se han callado porque el mundo ha cambiado,
porque se ha hecho la noche y la noche será larga.
Por eso gritad, poetas.
Gritad con los pulmones llenos
del aire fresco de las cumbres
donde os alimentáis de la esencia de las Musas.
Gritad, poetas, fuerte:
tenéis que acallar el llanto
de tantos que abajo,
en el llano,
en el polvo de las calles
y en las piedras de los caminos,
nos hemos quedado huérfanos de esperanza.
Gritad, poetas.
¡GRITAD!
Os necesitamos los humanos.
Necesitamos que ablandéis
los corazones endurecidos por la infamia,
que templéis la sangre que hierve en las venas
y quema por dentro vísceras y cuerpo todo,
que tranquilicéis la memoria
y pierdan la crispación las manos...
Necesitamos vuestras palabras
para volver a tener manos y no puños...
Gritad, poetas,
y recordadnos
el color de la azucena,
el tacto de los pechos de la amada,
cómo canta el arroyo en la montaña,
a qué huele el cabello tras el amor,
los colores de la puesta de sol,
la suavidad de una piel cálida y cercana,
el viento entre el trigo,
la eterna espalda recorrida,
las olas del mar amando la arena,
a qué saben los besos...
Gritad, poetas,
y llevadnos con vuestras palabras
lejos, muy lejos
del mundo que nos han oscurecido
porque ayer se hizo la noche y la noche será larga.
¡Venid, poetas de brazos fuertes
para abrazar el amor!
¡Venid, poetisas de corazón rebosante
a salpicarnos de esperanza!
Gritad, poetas,
las palabras hermosas.
Gritad heliotropo e inmarcesible
y, aunque cursi, también tiramisú.
Gritad las palabras delicadas
que aún hagan llorar de emoción
y no de muerte.
Gritad, poetas,
porque el mundo se ha llenado
del grito desgarrador de los muertos:
¡gritad por encima de él!
¡Acalladlo con palabras hermosas!
Gritad, poetas,
y dadnos sentido y significado.
Dadnos vuestra poesía,
dejad que bebamos de vuestra vida
porque los grifos manan bilis,
dejad que comamos de vuestro amor
porque los platos se han llenado de heces.
Gritad, poetas,
más fuerte que nunca.
Haced que vuestro canto destruya las montañas
que separan este desierto del valle verde.
Gritad, poetas,
¡GRITAD!
Hoy sois lo único que nos queda.
¡GRITAD!
Gritad, poetas...
¡GRITAD!
Elevad vuestros cantos bellos
y acallad los gritos de esta noche.
Venced al sonido horrísono
del llanto y de la impotencia.
Gritad, poetas,
porque en la calle Perdón, 7,
ayer, cuando bajaba la Paz
a visitar a la Esperanza,
la sorprendió en el portal
una jauría de txakurras.
Gritad, poetas,
porque vencieron su resistencia
y la forzaron.
Gritad porque se tiñieron sus muslos
del rojo de la inocencia
cuando destruyeron su himen
penetrándola con violencia,
porque sus pechos dulces se tiñieron
de su propia sangre
por los arañazos de las garras,
porque su cuerpo entero
se tiñó con el color de mil esputos,
porque inundaron sus entrañas
con un semen negro y espeso.
Gritad, poetas,
porque la preñaron de muerte.
Gritad como gritó ella pidiendo auxilio sin saber
que quien había de defenderla
era quien había coordinado la afrenta.
Gritad, poetas,
porque ayer se hizo de noche y la noche será larga.
Gritad, poetas,
porque anoche nos despertamos
de madrugada
empapados de sudor frío
con las bombas
con los disparos
con la sangre
con el llanto
con los gritos
con el dolor
de nuevo fresco en la memoria.
Gritad, poetas,
porque se ha abierto la tierra
y ha escupido cadáveres y despojos:
ya no los quiere,
ya no los ama
porque los hijos de los hombres
los han despreciado.
Gritad, poetas,
porque ha comenzado el negocio
de los mercachifles del Templo moderno,
porque comienza el regateo,
porque un muerto vale dos céntimos
y un miembro amputado uno cincuenta.
Gritad, poetas,
porque han malbaratado las lágrimas.
¡Necesito que gritéis!
¡Os necesitamos, poetas!
Ayer pusieron punto final a la historia.
Ayer se callaron, para siempre,
Alberti, Espronceda, los Machado,
Miguel Hernández, Lorca, Garcilaso,
Altoaguirre, Neruda, Góngora,
Aleixandre, Darío, Jiménez,
Quevedo y Cervantes y Lope,
Zorrilla, Cernuda, Ángel González,
José Hierro, Blas de Otero, Vallejo,
Pedro Salinas, Vicente Huidobro, Bécquer
y tantos otros que en el mundo hubo.
Se han callado porque les han robado
la palabra, el sentido, el significado.
Se han callado porque el mundo ha cambiado,
porque se ha hecho la noche y la noche será larga.
Por eso gritad, poetas.
Gritad con los pulmones llenos
del aire fresco de las cumbres
donde os alimentáis de la esencia de las Musas.
Gritad, poetas, fuerte:
tenéis que acallar el llanto
de tantos que abajo,
en el llano,
en el polvo de las calles
y en las piedras de los caminos,
nos hemos quedado huérfanos de esperanza.
Gritad, poetas.
¡GRITAD!
Os necesitamos los humanos.
Necesitamos que ablandéis
los corazones endurecidos por la infamia,
que templéis la sangre que hierve en las venas
y quema por dentro vísceras y cuerpo todo,
que tranquilicéis la memoria
y pierdan la crispación las manos...
Necesitamos vuestras palabras
para volver a tener manos y no puños...
Gritad, poetas,
y recordadnos
el color de la azucena,
el tacto de los pechos de la amada,
cómo canta el arroyo en la montaña,
a qué huele el cabello tras el amor,
los colores de la puesta de sol,
la suavidad de una piel cálida y cercana,
el viento entre el trigo,
la eterna espalda recorrida,
las olas del mar amando la arena,
a qué saben los besos...
Gritad, poetas,
y llevadnos con vuestras palabras
lejos, muy lejos
del mundo que nos han oscurecido
porque ayer se hizo la noche y la noche será larga.
¡Venid, poetas de brazos fuertes
para abrazar el amor!
¡Venid, poetisas de corazón rebosante
a salpicarnos de esperanza!
Gritad, poetas,
las palabras hermosas.
Gritad heliotropo e inmarcesible
y, aunque cursi, también tiramisú.
Gritad las palabras delicadas
que aún hagan llorar de emoción
y no de muerte.
Gritad, poetas,
porque el mundo se ha llenado
del grito desgarrador de los muertos:
¡gritad por encima de él!
¡Acalladlo con palabras hermosas!
Gritad, poetas,
y dadnos sentido y significado.
Dadnos vuestra poesía,
dejad que bebamos de vuestra vida
porque los grifos manan bilis,
dejad que comamos de vuestro amor
porque los platos se han llenado de heces.
Gritad, poetas,
más fuerte que nunca.
Haced que vuestro canto destruya las montañas
que separan este desierto del valle verde.
Gritad, poetas,
¡GRITAD!
Hoy sois lo único que nos queda.
¡GRITAD!
El Presidente del Gobierno ha anunciado su intención de sentarse a negociar con los asesinos de la banda terrorista ETA, en la que sin duda alguna es una de las jornadas más tristes en la historia de la democracia. A pesar del clamor de las víctimas del terrorismo y de la sociedad en general, quienes hasta en 4 ocasiones le hemos solicitado a José Luis Rodriguez Zapatero a través de distintas manifestaciones y movilizaciones que no negocie con quienes desprecian nuestro Estado de Derecho, el Presidente ha preferido hacer caso omiso al clamor popular y convertir en interlocutores a los asesinos más sanguinarios de la historia de nuestro país. De esta forma nuestro Gobierno va a ceder ante las exigencias de Arnaldo Otegi, Josu Ternera, Francisco Javier García Gaztelu alias “Txapote” o Idoia López Riaño “La Tigresa” entre otros, obviando el sacrificio de quienes dieron su sangre por la defensa de la libertad en nuestro país.