GRIS
Se transmutará en gris el espacio luminoso
cuando mueran los besos de la tarde.
Todo es gris
Un gris perezoso de noche inacabada
gris de piedras que se alejan de mis pasos,
gris de caricia fría, de alma desangrada.
Cosen los párpados puntadas sin color
dejando prisioneras las visiones últimas
que yacen flotando sobre el alma
y las retinas sin memoria.
Todo es gris como un desierto exhausto
cuando se alejan los sombreros
perfumados de las damas,
cuando las livianas plumas de pavo real
inician sus vuelos de retorno
hacia las aves injuriadas,
cuando los marabúes esparcen
sus digestas de carroña
asustando las festivas soarés multicolores
y hasta los gritos se vuelven grises
en los corazones helados de los hombres.
Todo es gris
como una niebla nacida
en las pútridas sentinas de los barcos a vapor,
esos barcos que se acercan
rompiendo las pleamares jubilosas
último refugio del color.
Es la amenaza que se cierne,
la universal acromía que como lluvia de pureza
desteñirá el rojo del corazón
y el sublime azul de tus pupilas.
Blancas serán todas las cosas
y desaparecerá para siempre
la alegría sobrehumana del pecado,
ese majestuoso insulto a los dioses
y a las luces multicolores de neón.
Una única gota de negro puro
tintará de gris esa universal blancura.
Una única gota que hará renacer
las grises envolventes de humo en las viejas locomotoras
cuando despierten de su sueño turbulento
en la estación de Saint-Lazare.
Los antiguos inciensos redentores del progreso
devolverán al hombre su inmortalidad divina.
Se transmutará en gris el espacio luminoso
cuando mueran los besos de la tarde.
Todo es gris
Un gris perezoso de noche inacabada
gris de piedras que se alejan de mis pasos,
gris de caricia fría, de alma desangrada.
Cosen los párpados puntadas sin color
dejando prisioneras las visiones últimas
que yacen flotando sobre el alma
y las retinas sin memoria.
Todo es gris como un desierto exhausto
cuando se alejan los sombreros
perfumados de las damas,
cuando las livianas plumas de pavo real
inician sus vuelos de retorno
hacia las aves injuriadas,
cuando los marabúes esparcen
sus digestas de carroña
asustando las festivas soarés multicolores
y hasta los gritos se vuelven grises
en los corazones helados de los hombres.
Todo es gris
como una niebla nacida
en las pútridas sentinas de los barcos a vapor,
esos barcos que se acercan
rompiendo las pleamares jubilosas
último refugio del color.
Es la amenaza que se cierne,
la universal acromía que como lluvia de pureza
desteñirá el rojo del corazón
y el sublime azul de tus pupilas.
Blancas serán todas las cosas
y desaparecerá para siempre
la alegría sobrehumana del pecado,
ese majestuoso insulto a los dioses
y a las luces multicolores de neón.
Una única gota de negro puro
tintará de gris esa universal blancura.
Una única gota que hará renacer
las grises envolventes de humo en las viejas locomotoras
cuando despierten de su sueño turbulento
en la estación de Saint-Lazare.
Los antiguos inciensos redentores del progreso
devolverán al hombre su inmortalidad divina.