AXEL LLAMOSAS
Poeta recién llegado
GOTA
Millones de años llevo recorriendo este curioso mundo, surcando cada mar y fluyendo por cada río, elevándome por los cielos en compañía de húmedos semejantes, precipitándonos allí donde el capricho de Gaia decidía. Tiempo atrás, estática estuve durante milenios en aquel lugar al que denomináis Perito Moreno, pero el sol me liberó, alzándome de nuevo entre las nubes para mostrarme, una variopinta tierra de culturas y religiones humanas, todas ellas fascinantes. Mi ansia de conocimiento sin límites, se saciaba una y otra vez con cada pueblo y cultura, con sus gentes y tradiciones que embelesaban mis sentidos. Llegó a mis oídos el nombre de un rincón de la Península Ibérica que me despertó tremenda curiosidad “Cabo de Finisterre” lo denominan los humanos, esto me hizo elucubrar, ¿el final de la tierra?
Puse rumbo hacia aquel lugar apremiando al viento me llevase ligera, y raudo me situó allí, fui a caer en el vaso de un anciano que sin percatarse me ingirió, formando parte de él, me percate de la magia de sus gentes y sus bondades, y no pude más que convertirme en lágrima al contemplar la belleza del río Xallas saltando despreocupado del acantilado a la mar.
Millones de años llevo recorriendo este curioso mundo, surcando cada mar y fluyendo por cada río, elevándome por los cielos en compañía de húmedos semejantes, precipitándonos allí donde el capricho de Gaia decidía. Tiempo atrás, estática estuve durante milenios en aquel lugar al que denomináis Perito Moreno, pero el sol me liberó, alzándome de nuevo entre las nubes para mostrarme, una variopinta tierra de culturas y religiones humanas, todas ellas fascinantes. Mi ansia de conocimiento sin límites, se saciaba una y otra vez con cada pueblo y cultura, con sus gentes y tradiciones que embelesaban mis sentidos. Llegó a mis oídos el nombre de un rincón de la Península Ibérica que me despertó tremenda curiosidad “Cabo de Finisterre” lo denominan los humanos, esto me hizo elucubrar, ¿el final de la tierra?
Puse rumbo hacia aquel lugar apremiando al viento me llevase ligera, y raudo me situó allí, fui a caer en el vaso de un anciano que sin percatarse me ingirió, formando parte de él, me percate de la magia de sus gentes y sus bondades, y no pude más que convertirme en lágrima al contemplar la belleza del río Xallas saltando despreocupado del acantilado a la mar.