EPEV- Poerrante
Poeta recién llegado
Siempre dejaste marcas de
numéricas horas imborrables.
numéricas horas imborrables.
I
Asolas los muelles
en que vivía.
No hay barca que te resista,
ni marinero con fronteras;
hiciste una tronerade mí.
en que vivía.
No hay barca que te resista,
ni marinero con fronteras;
hiciste una tronerade mí.
II
Después de todo... el ostracismo
me apresó,
y ni los cangrejos
osaron violentar la concha;
dejándome a merced de las olas.
Agua y espuma,revueltas,
bruma que empaña
la memoria de los instantes;
temores que asolas
y se autoconsumen.
me apresó,
y ni los cangrejos
osaron violentar la concha;
dejándome a merced de las olas.
Agua y espuma,revueltas,
bruma que empaña
la memoria de los instantes;
temores que asolas
y se autoconsumen.
Una cascara, una concha,
inerme me encuentro,
sabiéndome ido del pleamar
y arrojado a las piedras
que me revientan.
inerme me encuentro,
sabiéndome ido del pleamar
y arrojado a las piedras
que me revientan.
III
No abriré mis fauces
para que entre la luna,
no mendigaré al verso
que mente tu nombre
y lo encierre en concha de mar.
Borraré las horas de los instantes,
re-teñiré las olas del mar
con sangre de herraduras,
verdadero añil celeste
que compagine con vasto cristal.
Y sí se me antoja de ti - un bocado;
salmuera de mar será la gárgara
que cercenará al ansia,
de la falsa esperanza que me ha tocado.
para que entre la luna,
no mendigaré al verso
que mente tu nombre
y lo encierre en concha de mar.
Borraré las horas de los instantes,
re-teñiré las olas del mar
con sangre de herraduras,
verdadero añil celeste
que compagine con vasto cristal.
Y sí se me antoja de ti - un bocado;
salmuera de mar será la gárgara
que cercenará al ansia,
de la falsa esperanza que me ha tocado.
IV
Se libre y distánciate,
que tu acción
redundara inequívocamente en mí;
disipándome o disgregándome,
entre las molientes olas.
Hasta que de mis conchas ostras,
piel molusca que me aprisiona
no quede sino arenillas nácar
y suspiros desdeñosos esparcidos
sobre un Atacama
de recónditos de los olvidos.
que tu acción
redundara inequívocamente en mí;
disipándome o disgregándome,
entre las molientes olas.
Hasta que de mis conchas ostras,
piel molusca que me aprisiona
no quede sino arenillas nácar
y suspiros desdeñosos esparcidos
sobre un Atacama
de recónditos de los olvidos.
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