BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Que yo golpearé los cráneos
uno a uno, hasta alcanzar su furia.
Dormirán levemente y sin caricias,
extraños a sí mismos y al eje de la tierra,
que gira nocturnamente apasionado, y loco
hasta la médula. Dormirán su borrachera
de locura y desasosiego, junto a las sombras
que emiten destellos lúcidos, y los acongojan.
Pues bajo la tierra, la luna arde, y hay ceniza
de llanto incomprendido. Un amor disuelve
otro, los dioses devoran algas o cadenas,
mientras la luna ciega, sus émbolos inmensos.
Hay mucho barro en las camisas de fuerza,
inclinadas como árboles a lo largo de la carretera,
en los pechos anidan sueños o mentiras, la lluvia
consuela por las polvaredas de sangre e insectos.
Yo golpeé los cráneos, y vi sus huesos desunidos,
hasta alzar su ira, con los ejes del pavimento.
©
uno a uno, hasta alcanzar su furia.
Dormirán levemente y sin caricias,
extraños a sí mismos y al eje de la tierra,
que gira nocturnamente apasionado, y loco
hasta la médula. Dormirán su borrachera
de locura y desasosiego, junto a las sombras
que emiten destellos lúcidos, y los acongojan.
Pues bajo la tierra, la luna arde, y hay ceniza
de llanto incomprendido. Un amor disuelve
otro, los dioses devoran algas o cadenas,
mientras la luna ciega, sus émbolos inmensos.
Hay mucho barro en las camisas de fuerza,
inclinadas como árboles a lo largo de la carretera,
en los pechos anidan sueños o mentiras, la lluvia
consuela por las polvaredas de sangre e insectos.
Yo golpeé los cráneos, y vi sus huesos desunidos,
hasta alzar su ira, con los ejes del pavimento.
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