GLOSA A LA ROSA Y EL VIENTO
Ay, rosa de la Alhambra,
¡Rosa de la morería!
Hare lo que tú me mandes
Con tal de que seas mía
La rosa y el viento/León y Quiroga
Existe una flor tan blanca
de colosal hermosura,
que Florentino procura
al ver su sonrisa franca.
El viento se desbarranca
y Granada se acalambra,
cuando su aliento se enjambra
de pasión por Rosa Inés,
y grita al pie de un ciprés.
—¡Ay, mi rosa de la Alhambra!
El viento también clamaba
por su amor desconsolado
y en su paso desolado
como loco deliraba.
Gemía cuando cantaba
sus noches de fantasía,
y en el mirador decía
a su rosa enamorada.
—¡Linda rosa de Granada!
¡Rosa de la morería!
Inés, mi flor cariñosa,
no hagas caso al viento infiel,
yo estoy molesto con el
por su persistencia odiosa.
Tú serás mi linda esposa
la que mi vida comandes
por ti cruzare los andes
hasta volver a Granada
¡Para que seas mi amada!
haré lo que tú me mandes.
Las dos rosas se reían
de dos locos enredados,
pues, aquel par de chiflados
por amor las confundían.
Florentino y el viento, herían,
a muerte aquella utopía,
y en su sagaz osadía
gritaron entre desdenes.
—no importa lo que me ordenes,
con tal de que seas mía.
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