Más allá del ladrillo de la razón.
Más allá del abismo
de las pestes mercantes.
Del sabor sin sabor
de la indiferencia.
De la necia bandera
de la inerte crueldad,
que encarcela las almas
a la sombra del traje y la corbata,
a la sombra del infortunio,
a la sombra.
Hoy ha muerto la razón
de la máquina.
Y sin embargo,
veo a unos niños
jugando,
en la calle del barrio.
Por la ventana,
el sueño salta y juega
repleto de colores.
Ha muerto la razón
y sin embargo,
no hay tristeza
en las almas infantiles.
No hay pesares
que doblen las espaldas.
Hay un viento que empuja.
Inevitable,
hacia los campos de la Libertad.
Hoy hay niños que juegan,
sin tiempo.
Con barro en las rodillas.
No hay razones que opriman
la esperanza.
Ha caído la razón de la máquina.
Y sin embargo,
hoy hay niños
que juegan en el barrio.
El futuro
corriendo en las veredas.
Más allá del abismo
de las pestes mercantes.
Del sabor sin sabor
de la indiferencia.
De la necia bandera
de la inerte crueldad,
que encarcela las almas
a la sombra del traje y la corbata,
a la sombra del infortunio,
a la sombra.
Hoy ha muerto la razón
de la máquina.
Y sin embargo,
veo a unos niños
jugando,
en la calle del barrio.
Por la ventana,
el sueño salta y juega
repleto de colores.
Ha muerto la razón
y sin embargo,
no hay tristeza
en las almas infantiles.
No hay pesares
que doblen las espaldas.
Hay un viento que empuja.
Inevitable,
hacia los campos de la Libertad.
Hoy hay niños que juegan,
sin tiempo.
Con barro en las rodillas.
No hay razones que opriman
la esperanza.
Ha caído la razón de la máquina.
Y sin embargo,
hoy hay niños
que juegan en el barrio.
El futuro
corriendo en las veredas.
Última edición: