Asklepios
Incinerando envidias
Fue su sombra grave y
violentamente descosida.
Desde entonces, con un continuo y suave crujir,
delata y confiesa su sufrimiento que,
aunque rancio, no deja de recorrer a diario
cierta sequedad del sol esclava.
Allí ya no es capaz de dibujar a la más antigua y
original curiosidad infinita.
Tampoco ya, es capaz adaptarse a
los elegantes susurros, que nunca
dejaron de ser protegidos por esos párpados
tuyos siempre tan apetecibles.
violentamente descosida.
Desde entonces, con un continuo y suave crujir,
delata y confiesa su sufrimiento que,
aunque rancio, no deja de recorrer a diario
cierta sequedad del sol esclava.
Allí ya no es capaz de dibujar a la más antigua y
original curiosidad infinita.
Tampoco ya, es capaz adaptarse a
los elegantes susurros, que nunca
dejaron de ser protegidos por esos párpados
tuyos siempre tan apetecibles.