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Fragmento de carta

César Guevar

Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegados a la “Y” del camino y sin poder evitar tomar rumbos diferentes, me despido, pues, de ti.

Imposible no evocar las vivencias compartidas. (…) Pero no las revelemos con palabras sonoras o escritas en este momento de llamado al futuro. Están en ti y en mí. Cada unx las procesó según sus recursos, sus años, su clima, su experiencia, su cotidianidad, su sexo. Lo bueno es que las más de las veces nos las arreglamos para encontrar un hilo, por delgado que fuera, que nos comunicara. Yo, que siempre fui un isleño burdo y tosco, me beneficié más de ti que tú de mí. Por eso te agradezco. Ojalá te lo haya podido compensar aunque sea en parte con una que otra enseñanza, o con lo único que la vida tuvo a bien darme en abundancia: versos (así sean de mentira).

La vida ahora te llama a otra etapa. A mí me impone diez nuevas canas (pequeñas muertes incoloras, doloras, ciertas) y verte partir.

No sé si aprendimos finalmente a ser amigues; hay cosas que cuesta bastante aprenderlas del todo. Sí sé, en cambio, que te quiero. Y creo que tú también me quieres un poco… No necesariamente con querer carnal a estas alturas, sino con querer querer. Querer del que no pasará o se extinguirá por la nimiedad de que te vayas hoy hacia otra región del horizonte.

Te diré adiós y también hasta luego, porque supongo que una vez u otra vas a recordarme. Entonces el adiós será solo hasta el reencuentro del recuerdo. De sobra está decir que yo…

(…)


Adiós. Adiós y hasta luego.
 
Última edición:
Llegados a la “Y” del camino y sin poder evitar tomar rumbos diferentes, me despido, pues, de ti.

Imposible no evocar las vivencias compartidas. (…) Pero no las revelemos con palabras sonoras o escritas en este momento de llamado al futuro. Están en ti y en mí. Cada unx las procesó según sus recursos, sus años, su clima, su experiencia, su cotidianidad, su sexo. Lo bueno es que las más de las veces nos las arreglamos para encontrar un hilo, por delgado que fuera, que nos comunicara. Yo, que siempre fui un isleño burdo y tosco, me beneficié más de ti que tú de mí. Por eso te agradezco. Ojalá te lo haya podido compensar aunque sea en parte con una que otra enseñanza, o con lo único que la vida tuvo a bien darme en abundancia: versos (así sean de mentira).

La vida ahora te llama a otra etapa. A mí me impone diez nuevas canas (pequeñas muertes incoloras, doloras, ciertas) y verte partir.

No sé si aprendimos finalmente a ser amigues; hay cosas que cuesta bastante aprenderlas del todo. Sí sé, en cambio, que te quiero. Y creo que tú también me quieres un poco… No necesariamente con querer carnal a estas alturas, sino con querer querer. Querer del que no pasará o se extinguirá por la nimiedad de que te vayas hoy hacia otra región del horizonte.

Te diré adiós y también hasta luego, porque supongo que una vez u otra vas a recordarme. Entonces el adiós será solo hasta el reencuentro del recuerdo. De sobra está decir que yo…

(…)


Adiós. Adiós y hasta luego.
Un momento de despedida en una encrucijada.
La vida los lleva por caminos diferentes, y se enfrenta cambios personales.
Honrado de visitar su obra.

Saludos
 
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