También yo poseo el tacto de fotografías íntimas
emerge del arcón un crisantemo rosa pálido,
casi albo como el cuello delicado de una garza
flota hasta mi pecho y se acurruca en la puerta
porque extravié las siete llaves del instante,
olvidé el camino a la dimensión de los espejos
de la luna de ceniza, luna de los cristales,
ojos fijos en la postal saturada de invierno y bruma
cámaras que todavía me miran, silenciosas
con un frío de trayectos de café humeante y promesas…
Me irisan la cara los trazos de un crepúsculo de sueño
de farolas rojas difuminadas
y un brote de río de pupila quieta,
adormece mis sentidos con alguna canción de cinta
de teléfono anclado a la pared…
Y me rapta un vuelo hacia el estío de las celebraciones
sabores de frutos en la boca, soles, girasoles
mi lugar en el teatro
una silla junto a la mesa de viento para mis versos proscritos…
Y entonces clausura la nostalgia el álbum de las risas,
las voces musicales de los niños que aún saben amar
que habitan esas tierras doradas
donde no existen los villanos.
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