Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te amo con fiebre,
no con esa fiebre clínica que pide termómetro
sino con la otra,
la que desordena los muebles del alma
y deja las llaves dentro del cuerpo.
Me pasa tu nombre por la sangre
como un tranvía sin horarios,
entra y sale de mí
sin pedir permiso,
y cada vez que frena
me deja un temblor en la boca.
Hay días en que no existes
y sin embargo ocupas todas las sillas.
Te sientas en el silencio,
en la taza de café que se enfría
porque prefiero mirarla
como si allí fueras a aparecer.
El amor —ya lo sabes—
no es una cosa seria.
Es un error voluntario,
una distracción peligrosa
como cruzar la calle pensando en tus hombros.
Tengo fiebre cuando no estás
y delirio cuando vuelves.
Me invento tu ausencia
para justificar el incendio.
Me invento tu regreso
para no curarme nunca.
A veces creo que amar
es aceptar este desorden
con una elegancia torpe,
como quien baila solo
en una habitación que arde.
Si alguna vez preguntas
qué fue de mí,
di simplemente:
se quedó temblando,
con la fiebre exacta
que deja el amor
cuando decide quedarse.
no con esa fiebre clínica que pide termómetro
sino con la otra,
la que desordena los muebles del alma
y deja las llaves dentro del cuerpo.
Me pasa tu nombre por la sangre
como un tranvía sin horarios,
entra y sale de mí
sin pedir permiso,
y cada vez que frena
me deja un temblor en la boca.
Hay días en que no existes
y sin embargo ocupas todas las sillas.
Te sientas en el silencio,
en la taza de café que se enfría
porque prefiero mirarla
como si allí fueras a aparecer.
El amor —ya lo sabes—
no es una cosa seria.
Es un error voluntario,
una distracción peligrosa
como cruzar la calle pensando en tus hombros.
Tengo fiebre cuando no estás
y delirio cuando vuelves.
Me invento tu ausencia
para justificar el incendio.
Me invento tu regreso
para no curarme nunca.
A veces creo que amar
es aceptar este desorden
con una elegancia torpe,
como quien baila solo
en una habitación que arde.
Si alguna vez preguntas
qué fue de mí,
di simplemente:
se quedó temblando,
con la fiebre exacta
que deja el amor
cuando decide quedarse.