Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con toda impiedad transcurre otro día
y el miserable del crepúsculo aún espera
que una corriente del Ebro, del Támesis,
o del Nilo- ya no importa cuál río-,
concurra a la cita de parejas que bordean.
El miserable apenas contiene sus lágrimas
(lágrimas
que manchan de nostalgia sus zapatos)
y un imaginario explica con sensatez que
( como si recién naciera), al mundo se lo
revolea de las patas...
De la ochava, en el umbral, alguien acecha,
si lo reconoces su nombre nunca será anónimo.
El miserable se acuclilla y otra figura, sentada
a la vera del Río, aguarda la brisa repentina...
La quietud de la superficie alude a la virginidad,
así nacerá el huevo sideral,
así se entregará la mujer al placer carnal:
después los ruegos subirán copiosos
y en lugar de irse o en lugar de volver,
chasquean esparcidas gotas al viento,
chasquean y chasquean, besan y besan
con ansiedad los labios partidos...
y el miserable del crepúsculo aún espera
que una corriente del Ebro, del Támesis,
o del Nilo- ya no importa cuál río-,
concurra a la cita de parejas que bordean.
El miserable apenas contiene sus lágrimas
(lágrimas
que manchan de nostalgia sus zapatos)
y un imaginario explica con sensatez que
( como si recién naciera), al mundo se lo
revolea de las patas...
De la ochava, en el umbral, alguien acecha,
si lo reconoces su nombre nunca será anónimo.
El miserable se acuclilla y otra figura, sentada
a la vera del Río, aguarda la brisa repentina...
La quietud de la superficie alude a la virginidad,
así nacerá el huevo sideral,
así se entregará la mujer al placer carnal:
después los ruegos subirán copiosos
y en lugar de irse o en lugar de volver,
chasquean esparcidas gotas al viento,
chasquean y chasquean, besan y besan
con ansiedad los labios partidos...