Fé
La fe no es idea.
Es suelo que aparece
cuando ya no hay camino.
No explica,
no convence,
no ordena el caos:
lo habita.
Es misterio hecho carne,
respirando en el pecho
cuando todo tiembla
y aun así se avanza.
No promete salvar,
pero sostiene.
No evita la noche,
pero la atraviesa contigo
sin soltarte la mano.
La fe es entrega
sin contrato,
confianza sin mapa,
un “sí” pronunciado
desde el cuerpo cansado
que sigue vivo.
No necesita nombre.
Se reconoce
porque no huye,
porque permanece
cuando ya no hay fuerza
para creer en nada.
Es belleza sobria,
sin adornos,
como el gesto humano
que cuida
sin saber por qué.
Y ahí —
en ese sostén silencioso—
el misterio no se resuelve:
se vuelve hogar.
26/01/2026
©Dikia
La fe no es idea.
Es suelo que aparece
cuando ya no hay camino.
No explica,
no convence,
no ordena el caos:
lo habita.
Es misterio hecho carne,
respirando en el pecho
cuando todo tiembla
y aun así se avanza.
No promete salvar,
pero sostiene.
No evita la noche,
pero la atraviesa contigo
sin soltarte la mano.
La fe es entrega
sin contrato,
confianza sin mapa,
un “sí” pronunciado
desde el cuerpo cansado
que sigue vivo.
No necesita nombre.
Se reconoce
porque no huye,
porque permanece
cuando ya no hay fuerza
para creer en nada.
Es belleza sobria,
sin adornos,
como el gesto humano
que cuida
sin saber por qué.
Y ahí —
en ese sostén silencioso—
el misterio no se resuelve:
se vuelve hogar.
26/01/2026
©Dikia