Yo leí un libro una vez, Historia de Cronopios y de Famas, que por cierto, practicamente fue inentendible.
Fue ahi cuando recurrí a un amigo, ya que para mi la noción de Cronopio y de Fama es muy diferente a la que yo había leído.
Cortázar habla de la rutina en su obra: la cárcel y peor condena que el alma humana puede sufrir en su vida terrena (se sigue la línea platónica).
Asimismo, define dos tipos de ser: La Fama y El Cronopio.
Ahí se inició mi lucha personal por lograr entender que carajo era un Cronopio y que carajo era una Fama, en términos de clasificación de personas.
Ahí recurrí a mi amigo, como ya había anticipado.
Mi amigo no un erudito, más vale yo lo consideraría un troglodita. Nunca en su vida había leído un libro que no tuviera dibujos y cuya exensión sea mayor a dos páginas (de las cuales una tenía un dibujo).
Pero este fue mi planteo: la respuesta a las cosas más complicadas está en los seres más simples. Por eso la Filosofía nunca va a encontrar una respuesta concisa a su problema de ser: la tierra nunca va a permitir que exista alguien tan simple para que nos deje descubrir que es ser.
Por eso mismo, además de su brutalidad, me planteé buscar la ayuda en mi amigo: la tierra permite conocer las maneras de ser, deja que exista gente suficientemente simple.
Entonces procedí a obligar que mi amigo lea el libro Historias..., ya que como está compuesto de cuentos cortos, no iba a implicar complicaciones. O al menos eso yo pensaba.
Pero para asegurarme de que lo lea, hice que lo hiciera en mi presencia, por las dudas de que me fallara, o de que no entendiera una palabra.
Me tomó un año que lo llegar a completar su lectura. Y extrañamente logré con mi cometido. Pero de una manera muy peculiar. Me dijo mi amigo cuando terminó de leer el último cuento:
-Un cronopio, una fama y una esperanza querían leer un libro. El cronopio lo leyó, y cuando finalizó lo tiró y continuó con su vida. La fama se preocupó y busco la quinta pata al gato para entender en su total extensión el libro. La esperanza, como era esperable, se acomplejó y unió su problema a su larga lista de problemas existenciales que no lo dejan vivir plenamente.
Ahí me di cuenta. Yo era una fama.
Fue ahi cuando recurrí a un amigo, ya que para mi la noción de Cronopio y de Fama es muy diferente a la que yo había leído.
Cortázar habla de la rutina en su obra: la cárcel y peor condena que el alma humana puede sufrir en su vida terrena (se sigue la línea platónica).
Asimismo, define dos tipos de ser: La Fama y El Cronopio.
Ahí se inició mi lucha personal por lograr entender que carajo era un Cronopio y que carajo era una Fama, en términos de clasificación de personas.
Ahí recurrí a mi amigo, como ya había anticipado.
Mi amigo no un erudito, más vale yo lo consideraría un troglodita. Nunca en su vida había leído un libro que no tuviera dibujos y cuya exensión sea mayor a dos páginas (de las cuales una tenía un dibujo).
Pero este fue mi planteo: la respuesta a las cosas más complicadas está en los seres más simples. Por eso la Filosofía nunca va a encontrar una respuesta concisa a su problema de ser: la tierra nunca va a permitir que exista alguien tan simple para que nos deje descubrir que es ser.
Por eso mismo, además de su brutalidad, me planteé buscar la ayuda en mi amigo: la tierra permite conocer las maneras de ser, deja que exista gente suficientemente simple.
Entonces procedí a obligar que mi amigo lea el libro Historias..., ya que como está compuesto de cuentos cortos, no iba a implicar complicaciones. O al menos eso yo pensaba.
Pero para asegurarme de que lo lea, hice que lo hiciera en mi presencia, por las dudas de que me fallara, o de que no entendiera una palabra.
Me tomó un año que lo llegar a completar su lectura. Y extrañamente logré con mi cometido. Pero de una manera muy peculiar. Me dijo mi amigo cuando terminó de leer el último cuento:
-Un cronopio, una fama y una esperanza querían leer un libro. El cronopio lo leyó, y cuando finalizó lo tiró y continuó con su vida. La fama se preocupó y busco la quinta pata al gato para entender en su total extensión el libro. La esperanza, como era esperable, se acomplejó y unió su problema a su larga lista de problemas existenciales que no lo dejan vivir plenamente.
Ahí me di cuenta. Yo era una fama.