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Extranjero

penabad57

Poeta veterano en el portal
Con la edad he perdido
la nostalgia del extranjero,
la sensación de urgencia
de las habitaciones furtivas,
el olor a comida rancia de las pensiones,
los ascensores extrañamente extraños,
el tránsito inútil de las calles sin nombre.

Con los años hice mío lo pasajero
-me apropié de estaciones vacías,
puse cemento en el corazón
para no mirar a los ojos del mañana-.

Le di el calor de una historia de viejo
a la más frágil de las ilusiones.
Al miedo de ser cometa y volar
en las azarosas orgías del viento
le puse el ancla de la tibieza.

Hay días en que aún me pesa la liviandad
de aquél tiempo sin patria ni casa.

Pero no es la nostalgia de haber sido
una vez navegante en tierra,
sino el acento de un desconocido país
lo que aún guardo en la memoria.
 
Con la edad he perdido
la nostalgia del extranjero,
la sensación de urgencia
de las habitaciones furtivas,
el olor a comida rancia de las pensiones,
los ascensores extrañamente extraños,
el tránsito inútil de las calles sin nombre.

Con los años hice mío lo pasajero
-me apropié de estaciones vacías,
puse cemento en el corazón
para no mirar a los ojos del mañana-.

Le di el calor de una historia de viejo
a la más frágil de las ilusiones.
Al miedo de ser cometa y volar
en las azarosas orgías del viento
le puse el ancla de la tibieza.

Hay días en que aún me pesa la liviandad
de aquél tiempo sin patria ni casa.

Pero no es la nostalgia de haber sido
una vez navegante en tierra,
sino el acento de un desconocido país
lo que aún guardo en la memoria.
Me gustan los poemas que abordan la identidad, la pertenencia y las inquietudes juveniles.
Muy bueno y reflexivo.

Saludos
 
Con la edad he perdido
la nostalgia del extranjero,
la sensación de urgencia
de las habitaciones furtivas,
el olor a comida rancia de las pensiones,
los ascensores extrañamente extraños,
el tránsito inútil de las calles sin nombre.

Con los años hice mío lo pasajero
-me apropié de estaciones vacías,
puse cemento en el corazón
para no mirar a los ojos del mañana-.

Le di el calor de una historia de viejo
a la más frágil de las ilusiones.
Al miedo de ser cometa y volar
en las azarosas orgías del viento
le puse el ancla de la tibieza.

Hay días en que aún me pesa la liviandad
de aquél tiempo sin patria ni casa.

Pero no es la nostalgia de haber sido
una vez navegante en tierra,
sino el acento de un desconocido país
lo que aún guardo en la memoria.
Hay tiempo para sentirse extranjero en la propia casa y uno es ciudadano del aire. Pero luego todo lo que nos pintaban como extraordinario llega a ser común, y uno se da cuenta que los mejores paisajes son los que llegan con los ojos cerrados. De ser asi, para algunos la vejez nos llega a los veinte años.
Poema reflexivo y de honda sensibilidad, amigo Ramón. Agradezco que lo compartas con nosotros. Va el cálido abrazo.
 
Hay tiempo para sentirse extranjero en la propia casa y uno es ciudadano del aire. Pero luego todo lo que nos pintaban como extraordinario llega a ser común, y uno se da cuenta que los mejores paisajes son los que llegan con los ojos cerrados. De ser asi, para algunos la vejez nos llega a los veinte años.
Poema reflexivo y de honda sensibilidad, amigo Ramón. Agradezco que lo compartas con nosotros. Va el cálido abrazo.
Gracias, Pedro, por leer y comentar. Un abrazo.
 
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