Poeta en Silencio
Enrique
¡Qué extraño! Crece no lejos
un jardín que entrega sueños;
sí, sueños en vez de flores,
y son frutos de ilusiones.
Y allá van los duendecillos
a recolectar racimos
de deseos que se cumplen
y canciones de las nubes.
¡Qué extraño! Vive no lejos
un gigante espanta vientos
que contra montañas lucha
y al bravo mar pone en fuga.
Pero es dulce con los niños,
es pan suave desde siglos;
tiene un galgo y una lora
y una esposa muy gruñona.
¡Qué extraño! Baila no lejos
la princesa de los cuentos
más dulce y fresca que abril,
más preciosa que rubí.
Tiene al danzar la destreza
de ninfas y dulcineas,
y posee en su mirada
el fulgor de mil mañanas.
¡Qué extraño! Canta no lejos
un ruiseñor en el cielo
donde expresa amor al hombre
todo el día hasta la noche.
Su canto es gran maravilla
a pobres y monarquías;
su canto tiene el sabor
de los festines del sol.
un jardín que entrega sueños;
sí, sueños en vez de flores,
y son frutos de ilusiones.
Y allá van los duendecillos
a recolectar racimos
de deseos que se cumplen
y canciones de las nubes.
¡Qué extraño! Vive no lejos
un gigante espanta vientos
que contra montañas lucha
y al bravo mar pone en fuga.
Pero es dulce con los niños,
es pan suave desde siglos;
tiene un galgo y una lora
y una esposa muy gruñona.
¡Qué extraño! Baila no lejos
la princesa de los cuentos
más dulce y fresca que abril,
más preciosa que rubí.
Tiene al danzar la destreza
de ninfas y dulcineas,
y posee en su mirada
el fulgor de mil mañanas.
¡Qué extraño! Canta no lejos
un ruiseñor en el cielo
donde expresa amor al hombre
todo el día hasta la noche.
Su canto es gran maravilla
a pobres y monarquías;
su canto tiene el sabor
de los festines del sol.
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Es alguien pobre arrodillado en tierra,
el que no supo andar la bella vida
y cuyos ojos vieron más de llanto.
Es alguien prisionero de sus sueños,
polvo bastante indigno que se atreve
el confiado a pedir misericordia.
el que no supo andar la bella vida
y cuyos ojos vieron más de llanto.
Es alguien prisionero de sus sueños,
polvo bastante indigno que se atreve
el confiado a pedir misericordia.
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