IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Nunca supe estar
sin saciar la duda,
siempre renací,
cediendo al olvido mi infortunio,
siempre me escuchó,
mi sombra, que fue muerte,
mi luz, que nunca calla,
liquidar mi ánima,
licuar mi alma,
la herida eterna
del comprenderse aún en los albores,
observando con el corazón abierto,
entre suspiros artificiales,
la egolatría, programada,
de una maquinaria irónica,
obedece a la humanidad,
pero no permite su evolución.
sin saciar la duda,
siempre renací,
cediendo al olvido mi infortunio,
siempre me escuchó,
mi sombra, que fue muerte,
mi luz, que nunca calla,
liquidar mi ánima,
licuar mi alma,
la herida eterna
del comprenderse aún en los albores,
observando con el corazón abierto,
entre suspiros artificiales,
la egolatría, programada,
de una maquinaria irónica,
obedece a la humanidad,
pero no permite su evolución.