Ziler
Poeta recién llegado
Parecía que todo era distinto en esta existencia baldía cuando tus ojos observaron la vacuidad y te quedaste para admirarla. Quién nos iba a decir que ese acto tan altruista sentenciaría nuestro destino de tango y flor.
Me olvidé de la muerte y su cortejo en el hombro, mientras apostaba todo a tu lacio pelo como un ludópata febril. Pero, cuando vi que solo la soledad me había correspondido en esta estafa de juego, regresé como un cuervo a mi cálido ramaje.
Hallando distintos placeres y ajenos colores, emigro de tu anatomía con mi crudeza tallada, esa que justificó esta huida cobarde, orquestada por un erosionado corazón, y que dejó una mancha indeleble en mi estela escarmentada por la tiranía de tu silencio.
Me olvidé de la muerte y su cortejo en el hombro, mientras apostaba todo a tu lacio pelo como un ludópata febril. Pero, cuando vi que solo la soledad me había correspondido en esta estafa de juego, regresé como un cuervo a mi cálido ramaje.
Hallando distintos placeres y ajenos colores, emigro de tu anatomía con mi crudeza tallada, esa que justificó esta huida cobarde, orquestada por un erosionado corazón, y que dejó una mancha indeleble en mi estela escarmentada por la tiranía de tu silencio.
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