danie
solo un pensamiento...
Nunca llueve
en las praderas corroídas por los huesos,
en los bosques de hojas vacías,
en los desiertos de los albures viajeros
sin estadías,
en las fauces infinitas
que se desbocan en un seco río,
en las huertas de una mente
que cosecha sus frutos verdes
y podridos.
Nunca llueve,
y el cielo se ha constreñido
desde eras lejanas del sabor,
y sus papilas gustativas
se pierden
sin conocer la colmena de la fruición.
Nunca llueve,
y los ojos ebrios
suspiran parvas de rosas desteñidas,
cascajos de vidas grises,
pero nunca llegan a llorar los cúmulos
de un aire rancio
que cópula con la piel de los días.
Así pasan las décadas,
los siglos
sin un mísero llanto del sol;
la lumbrera que predica las migajas del húmedo albor,
no se oye
entre los alaridos enviciados
de un tiempo sin fraternal calor.
Nunca llueve,
jamás se derraman gotas
de un sarmiento con caudales de borgoña tinto.
Nunca llueve,
y las nubes conspiran
con los asidos deseos de la hambruna
y su sed que asfixia a la faringe
encallada
en los ventisqueros de un cosmos nublado
de sueños plomizos.
Nunca llueve,
y el almanaque se marchita,
el cuerpo se agrieta con la sal de los años,
con la tolvanera que dejó el galope
de una pantano de vidorrias sin latidos…
Nunca llueve,
y el corazón no tiene ese vaso en donde colmar su llanto,
lo aguanta,
lo almacena,
lo amontona
en un envase con médula de cal,
en las venas pretéritas,
en los pómulos enmohecidos,
en los músculos hechos de frágiles vidrios,
en la sangre vetusta y ciega
que vaga
tanteando
el camino a un precipicio…
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