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Estudio de los invasores

Ricardo López Castro

*Deuteronómico*
Los escorpiones me trepan la garganta,
no soy ni tuyo, ni mío, ni de nadie,
picaduras en un harapo,
cojines para reposar la merienda,
y un leve esplendor,
conforman el desencanto
-lo que en latín viene a ser que nadie te comprenda-.

Es entonces que nace la poesía,
como una dama más curtida aún en desamores
que el mismísimo Ricardo -permítanme el lujo de ser un segundón-.

Porque yo te quise, pero en el fondo no daba un duro por ti.
No fue nuestro distanciamiento último el que acabó con todo.

Es lo que tienen las letras, me digo.
Te venden gato por liebre.

Y ser tan jodidamente inteligente como yo, no ayuda en absoluto.
Ahora voy a estudiar filosofía, mamá, papá, y todos los que con su lectura de mis poemas hacen de mí un digno transeúnte.

No tengo mucho para darles, soy de pocas palabras.
Es decir, tengo mucho que darles.

No tropieces con la misma piedra... ¿cuál es la misma piedra? ¿a qué viene esta cuestión?
Realmente, otro rostro bonito, una mirada que brille cuando nos vemos -que por supuesto, también nos contemplemos-, y volvemos a lo de...

Pero joder... ¿No era todo una ilusión?

Que sí, que intentar cambiarme a mí, no tiene ni mérito ni remedio, pero todavía se me estira el rictus cuando cruzo una mirada con una chica guapa.

No hay que ponerse pesimistas, ni por lo uno, ni por lo otro.

Que darle demasiadas vueltas al coco puede ser perjudicial para una relación, para una felación, y así hasta el fin de los etcéteras.

Ahora quiero estudiar filosofía.
 
Bueno, Ricardo; acepto que seas jodidamente inteligente, tus letras lo evidencian. Poema casi declaración de intenciones con propósito de la enmienda. Estupendo. Dale duro a la filosofía, a veces se enquista. Excelente. Pero no me hagas pasar estos buenos versos por un poema surreal, poh dió... Un saludazo, compañero.
miguel
 
Los escorpiones me trepan la garganta,
no soy ni tuyo, ni mío, ni de nadie,
picaduras en un harapo,
cojines para reposar la merienda,
y un leve esplendor,
conforman el desencanto
-lo que en latín viene a ser que nadie te comprenda-.

Es entonces que nace la poesía,
como una dama más curtida aún en desamores
que el mismísimo Ricardo -permítanme el lujo de ser un segundón-.

Porque yo te quise, pero en el fondo no daba un duro por ti.
No fue nuestro distanciamiento último el que acabó con todo.

Es lo que tienen las letras, me digo.
Te venden gato por liebre.

Y ser tan jodidamente inteligente como yo, no ayuda en absoluto.
Ahora voy a estudiar filosofía, mamá, papá, y todos los que con su lectura de mis poemas hacen de mí un digno transeúnte.

No tengo mucho para darles, soy de pocas palabras.
Es decir, tengo mucho que darles.

No tropieces con la misma piedra... ¿cuál es la misma piedra? ¿a qué viene esta cuestión?
Realmente, otro rostro bonito, una mirada que brille cuando nos vemos -que por supuesto, también nos contemplemos-, y volvemos a lo de...

Pero joder... ¿No era todo una ilusión?

Que sí, que intentar cambiarme a mí, no tiene ni mérito ni remedio, pero todavía se me estira el rictus cuando cruzo una mirada con una chica guapa.

No hay que ponerse pesimistas, ni por lo uno, ni por lo otro.

Que darle demasiadas vueltas al coco puede ser perjudicial para una relación, para una felación, y así hasta el fin de los etcéteras.

Ahora quiero estudiar filosofía.





Agradable lectura,
buena inspiración
 
Los escorpiones me trepan la garganta,
no soy ni tuyo, ni mío, ni de nadie,
picaduras en un harapo,
cojines para reposar la merienda,
y un leve esplendor,
conforman el desencanto
-lo que en latín viene a ser que nadie te comprenda-.

Es entonces que nace la poesía,
como una dama más curtida aún en desamores
que el mismísimo Ricardo -permítanme el lujo de ser un segundón-.

Porque yo te quise, pero en el fondo no daba un duro por ti.
No fue nuestro distanciamiento último el que acabó con todo.

Es lo que tienen las letras, me digo.
Te venden gato por liebre.

Y ser tan jodidamente inteligente como yo, no ayuda en absoluto.
Ahora voy a estudiar filosofía, mamá, papá, y todos los que con su lectura de mis poemas hacen de mí un digno transeúnte.

No tengo mucho para darles, soy de pocas palabras.
Es decir, tengo mucho que darles.

No tropieces con la misma piedra... ¿cuál es la misma piedra? ¿a qué viene esta cuestión?
Realmente, otro rostro bonito, una mirada que brille cuando nos vemos -que por supuesto, también nos contemplemos-, y volvemos a lo de...

Pero joder... ¿No era todo una ilusión?

Que sí, que intentar cambiarme a mí, no tiene ni mérito ni remedio, pero todavía se me estira el rictus cuando cruzo una mirada con una chica guapa.

No hay que ponerse pesimistas, ni por lo uno, ni por lo otro.

Que darle demasiadas vueltas al coco puede ser perjudicial para una relación, para una felación, y así hasta el fin de los etcéteras.

Ahora quiero estudiar filosofía.
Y cuando uno implora tranquilidad para pensar, lo aturden con vanalidades ilusiones.
el cultimo de uno mismo un ritual necesario para que nada se rompal, y en ese espacio
soñar con la fantasia. me gustó mucho. saludos amables de luzyabsenta
 
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