Alma ventura
Poeta asiduo al portal
El abismo a la salida
no es de tus recuerdos perdidos,
es el vacío de tu palabra en mi oído.
La mirada de poca luz,
no es página de penas,
es la ceguedad a tu mano fecunda.
No es pan para saciar tu hambre
lo que tengo en las manos,
son sólo las migajas de vida que me dejaste
en la vieja lámpara que se pierde en el mar de la noche.
No es larga cadena en metros
lo que cuelga en mi pecho inerte,
es la innombrable cicatriz de tu maltratar mi alma.
El agua en el piso no es del vaso roto,
son mi lágrimas que han muerto
cada día en tu puerta.
No he cubierto mi naturaleza enferma
de ausencia de luna llena,
solo maquillo cada estigma que dejó tu celo de febrero,
y opaco el rojo de mi sangre de pájaro herido
que desciende por mi oxidada memoria de tu maltrato,
de tu maltratar mi alma de otoños febriles.
No es que sigo tendida en el piso de dolor,
es que ya me acostumbro a tu miseria perpetua
de amor regalado...
no es de tus recuerdos perdidos,
es el vacío de tu palabra en mi oído.
La mirada de poca luz,
no es página de penas,
es la ceguedad a tu mano fecunda.
No es pan para saciar tu hambre
lo que tengo en las manos,
son sólo las migajas de vida que me dejaste
en la vieja lámpara que se pierde en el mar de la noche.
No es larga cadena en metros
lo que cuelga en mi pecho inerte,
es la innombrable cicatriz de tu maltratar mi alma.
El agua en el piso no es del vaso roto,
son mi lágrimas que han muerto
cada día en tu puerta.
No he cubierto mi naturaleza enferma
de ausencia de luna llena,
solo maquillo cada estigma que dejó tu celo de febrero,
y opaco el rojo de mi sangre de pájaro herido
que desciende por mi oxidada memoria de tu maltrato,
de tu maltratar mi alma de otoños febriles.
No es que sigo tendida en el piso de dolor,
es que ya me acostumbro a tu miseria perpetua
de amor regalado...
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