Hibero Prae
Poeta asiduo al portal
Todo empezó el día de mi muerte,
me amortajabas con tanta dulzura
que hubiese vendido mi muerte
al diablo o a alguna taberna
de confianza.
Claroscuro de luna mis ojos
y los tuyos cargados de amor
llovían sobre mis labios,
y que frías tus manos
en la comisura de mi boca
callada, como nunca antes,
y tu rostro,
que languidece en mi tiempo,
no es mas que una quimera
sobre un portal de mármol,
en espera que los turistas
se alejen del cadalso,
y solos, tu y yo
despedirnos como olas
que rompen en la piedra
su ultimo suspiro.
me amortajabas con tanta dulzura
que hubiese vendido mi muerte
al diablo o a alguna taberna
de confianza.
Claroscuro de luna mis ojos
y los tuyos cargados de amor
llovían sobre mis labios,
y que frías tus manos
en la comisura de mi boca
callada, como nunca antes,
y tu rostro,
que languidece en mi tiempo,
no es mas que una quimera
sobre un portal de mármol,
en espera que los turistas
se alejen del cadalso,
y solos, tu y yo
despedirnos como olas
que rompen en la piedra
su ultimo suspiro.