IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Se levanta una nueva tierra,
de tallo profundo,
de creación que ostenta
la grandeza de sus frutos,
se levanta, así como ella,
un nuevo muro,
más cruel que la mente que mata,
más muerta que la fe ciega,
se adentran los mortales,
entre pesadillas de acero,
y sueños de cristal,
se nutre aquel lucero lejano,
se baña de horizontes y sentidos,
de vislumbre humano,
¿que más divino que el hombre?
¿que más sagrado que la mujer?
de cuerpo esbelto,
de ardiente mirada,
entre el edén se redescubre
la esencia maldita del alma,
desde la rosa más dotada,
embellecida la frialdad erótica,
de exótico romance,
del alcance de sus pétalos,
a los hogares de mi corazón,
de repente el sol se esfuma,
y nuestras lunas se oscurecen
con la sombra de nuestras soledades,
las edades del tiempo,
son tan sabias como su inicio,
tan perfecto como ningún dios,
las campanas resuenan en el éter,
este orbe ha de destruirse,
se llevará consigo toda suerte,
y a la muerte capturada,
para matar lo inimaginable.
de tallo profundo,
de creación que ostenta
la grandeza de sus frutos,
se levanta, así como ella,
un nuevo muro,
más cruel que la mente que mata,
más muerta que la fe ciega,
se adentran los mortales,
entre pesadillas de acero,
y sueños de cristal,
se nutre aquel lucero lejano,
se baña de horizontes y sentidos,
de vislumbre humano,
¿que más divino que el hombre?
¿que más sagrado que la mujer?
de cuerpo esbelto,
de ardiente mirada,
entre el edén se redescubre
la esencia maldita del alma,
desde la rosa más dotada,
embellecida la frialdad erótica,
de exótico romance,
del alcance de sus pétalos,
a los hogares de mi corazón,
de repente el sol se esfuma,
y nuestras lunas se oscurecen
con la sombra de nuestras soledades,
las edades del tiempo,
son tan sabias como su inicio,
tan perfecto como ningún dios,
las campanas resuenan en el éter,
este orbe ha de destruirse,
se llevará consigo toda suerte,
y a la muerte capturada,
para matar lo inimaginable.