Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Esperando ludia
Donde no hay tiempo
se está más allá de la vida.
El tiempo no existe,
y estamos todos muertos.
Que la luz me ilumine
es sólo encuentro;
que veloz la domine
en pasados que cuento.
La tiniebla nos habla
desde una luz aparente;
la apariencia no engaña
por ser luz pretendiente,
sino por ser la guadaña
de la muerte de siempre.
Si la vida se acaba
y la muerte nos viene,
patas tendrá mañana,
porque patas tuvo presente.
Cuando el tiempo se acabe,
como no existe el tiempo,
no se acaba la vida
porque todos estamos muertos.
Y el que crea, que rece,
y el ateo que troce;
y el meneo, si es roce,
suerte es tener trece,
que teniendo los doce,
es docena que mece
la condena que orce.
Espero verle la tara
a ese jinete del aire
que nos viene del desierto,
y cuando llegue, cara a cara,
estaré esperando ludia
con los ojos bien despierto.
Donde no hay tiempo
se está más allá de la vida.
El tiempo no existe,
y estamos todos muertos.
Que la luz me ilumine
es sólo encuentro;
que veloz la domine
en pasados que cuento.
La tiniebla nos habla
desde una luz aparente;
la apariencia no engaña
por ser luz pretendiente,
sino por ser la guadaña
de la muerte de siempre.
Si la vida se acaba
y la muerte nos viene,
patas tendrá mañana,
porque patas tuvo presente.
Cuando el tiempo se acabe,
como no existe el tiempo,
no se acaba la vida
porque todos estamos muertos.
Y el que crea, que rece,
y el ateo que troce;
y el meneo, si es roce,
suerte es tener trece,
que teniendo los doce,
es docena que mece
la condena que orce.
Espero verle la tara
a ese jinete del aire
que nos viene del desierto,
y cuando llegue, cara a cara,
estaré esperando ludia
con los ojos bien despierto.