El regreso de Alfonsina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Porque los mares son mares
y crujen sobre las rocas
y desafían al faro
con sus lenguas catastróficas.
Porque se alían con Luna,
eligiendo tiempo y hora,
para, en grandeza, lucirse
y dejarla, después, sola.
Porque prometen destinos
que sacian hambre y atrofia
y, en la mitad de la suerte,
"de bitácoras" los borran.
Porque acarician veleros
con voces de viento en popa
y al giro de su capricho
los silencian con su cólera.
Porque son espuma blanca
de orillas que se desdoblan,
y se tragan las almenas,
y las risas, y remontan
para borrar las pisadas
que en ilusiones se forjan.
Porque devuelven jornales
de sudores, gota a gota,
y se enriquecen con peces
que en sus fondos atesoran.
Porque cuentan de sirenas,
de confines, de albas bóvedas,
y te sumergen en islas
sin sueños, perdidas sombras.
Porque los mares son mares,
rostros de sal ilusoria,
espejismos de un poeta
que los miró de otra forma.
-Eva-
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