LOLA PEREZ
Poeta veterano en el portal
Esta tarde estábamos en la playa, el agua estaba llena de pequeños pececitos, era tal su transparencia que los pequeños, hasta sus propios piececitos miraban.
El mar era como una gran piscina, serena, tranquila, en la orilla los peques jugaban, corrían, saltaban y todos juntos de manera armónica se zambullían en el agua.
A poca distancia disfrutaba sentada en mi silla, observando con gran placer el primoroso movimiento de los pequeños, nada más bello, como ver esas risas espontáneas, brotando del interior de una vida, casi recién estrenada, sin miedos, sin prisas, dando paso a esa gran imaginación de la que aun disfrutan, cada carrera, cada zambullida en el agua, su ir y venir, sus correteos, me hicieron pensar.
¿Por qué hemos de cambiar tanto? ¿Por qué no ser más niños y menos adultos? Si al crecer nos deshilvanamos de tal modo, que perdemos esa maravillosa ingenuidad, que termina haciendo perverso al adulto.
Que bella tarde, mirando al horizonte de un mar sereno, el que me inducía a la paz interior, a la armonía, me sentía elevada.
Termine entrando en el agua, corriendo y jugando con ellos, a ser niña,
Eso, que tanto me gusta.
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