ivan dario
Poeta recién llegado
Me encapricho con la vela
Que tu mano carga,
Tras la garganta
Mi croar de rana se trasmuta,
Pues tu palomo llora esa amargura
Que tu entrepierna desangra,
Y mi sinapsis justifica,
En ciegas orejas mudas,
La ausencia de la lengua rota.
Me enternezco con el látigo
Que de ese ombligo pende,
Mas en tijeras mis dientes estallan,
Y aquel, sin anestesia,
Una incisión en la palabra cuadra.
Entonces dime hoy, calavera amarga,
Cuantas sumas son tus dividendos,
Y cuantas conciencias por maldiciones
Entre claustros se entreveran.
Me identifico ante el estrado,
Preside el juez, aquel, mis hermanos.
Son estos versos los hocicos
Y estas letras tus péndulos en salsa amarga,
¡Una ciruela no es igual a una uva pasa!
Pero esta juventud que yo mismo
De negar me encargo,
Es la vejes que a mis espaldas
Lenta clama,
Y sin permiso de mis ojos,
Cual osezno hambriento de mis globos se amamanta.
Me corrompo satisfecho
Entre la prosa de tus pirámides
Y de tus lenguas los versos.
Mil espinas mas una hay entre mis vértebras,
Cuarenta y dos mil para jugar a ser exactos,
Que lejos del sueño me colocan,
Mas es hoy la hora
En que se vuelca sin aviso
Mi concilio insatisfecho
De poeta que lima
Por los lados sus colmillos.
Es este mi cieno.
Es esta mi lapida,
Y aquel mi epígrafe
Lo se, yo mismo los he hecho,
Por eso marco
Entre el tictac indecoroso
De mis sesos, la palabra continúa
Que repite a mi martillo;
Es así mi amigo como se respira.
Que tu mano carga,
Tras la garganta
Mi croar de rana se trasmuta,
Pues tu palomo llora esa amargura
Que tu entrepierna desangra,
Y mi sinapsis justifica,
En ciegas orejas mudas,
La ausencia de la lengua rota.
Me enternezco con el látigo
Que de ese ombligo pende,
Mas en tijeras mis dientes estallan,
Y aquel, sin anestesia,
Una incisión en la palabra cuadra.
Entonces dime hoy, calavera amarga,
Cuantas sumas son tus dividendos,
Y cuantas conciencias por maldiciones
Entre claustros se entreveran.
Me identifico ante el estrado,
Preside el juez, aquel, mis hermanos.
Son estos versos los hocicos
Y estas letras tus péndulos en salsa amarga,
¡Una ciruela no es igual a una uva pasa!
Pero esta juventud que yo mismo
De negar me encargo,
Es la vejes que a mis espaldas
Lenta clama,
Y sin permiso de mis ojos,
Cual osezno hambriento de mis globos se amamanta.
Me corrompo satisfecho
Entre la prosa de tus pirámides
Y de tus lenguas los versos.
Mil espinas mas una hay entre mis vértebras,
Cuarenta y dos mil para jugar a ser exactos,
Que lejos del sueño me colocan,
Mas es hoy la hora
En que se vuelca sin aviso
Mi concilio insatisfecho
De poeta que lima
Por los lados sus colmillos.
Es este mi cieno.
Es esta mi lapida,
Y aquel mi epígrafe
Lo se, yo mismo los he hecho,
Por eso marco
Entre el tictac indecoroso
De mis sesos, la palabra continúa
Que repite a mi martillo;
Es así mi amigo como se respira.