licprof
Poeta fiel al portal
actualmente, las cargas de caballerìa son inusuales; antiguamente las cargas de caballerìa eran muy habituales:
tensiòn y reposo: asì es la mùsica occidental: hoy en dìa amo la tradiciòn, no como cuando era un joven imberbe
y pretendìa transgredir aquello que desconocìa: nadie ama la tradiciòn tanto como el artista:
vean si no al joven bailarìn, absorbiendo como una esponja todo saber que se le presenta, inopinadamente o no:
en medio de sus condiscìpulos, procura hacer la coreografìa lo mejor que puede, como si eso no fuera poesìa:
se debate entre ardientes, arduas contradicciones, sometido a la doble coacciòn paradojal
por parte de sus progenitores, incluida su hermosa madrastra, con quien al comienzo se llevaba superbien, supèr,
pero ahora no: ahora se lleva como el reverendo orto, como el reverendo ojete
amo la oralidad coloquial, en el sentido del sexo oral o bucal, estruendoso, como una carga de caballerìa ligera
en las antiguas pelìculas en blanco y negro, ahora por internet;
fatalmente, las palabras le entraban por un oido y le salìan por el otro, como si nada
no asì la mùsica, la màs ferviente mente musical
casi lo ùnico, seguramente, que lo hacìa feliz, o menos o un poco menos infeliz
adònde estaba el tan mentado folklorismo o pintoresquismo del afamado y afiatado compositor?
no lo sabìa
sonaba la mùsica clàsica en medio de la noche
como si fuera lo ùnico existente en todo el universo
con todos esos interminables instrumentos
en esa grabaciòn, en ese arreglo,
esa melodìa maravillosa le llegaba al fin a travès de un ya antiguo cd
de todas maneras, no comprendìa ni entendìa demasiado, aunque eso casi no importara ya
escuchaba con el corazòn en la mano
con el alma en el suelo
con el corazòn en la boca
con los testìculos en el piso
como si fuera poco, eso era todo y no parecìa poco ni mucho menos:
acumulaba insensateces, catacresis caidas en desgracia o en el olvido
la orquesta continuaba tocando, generando por siempre sus elongados sonidos, melodìas
de pronto recordò que tambièn èl habìa formado parte alguna vez allà lejos y hace mucho tiempo
de una orquesta de señoritos, màs exactamente en la secciòn vientos:
no se podìa desafinar so pena de ser observado, señalado:
era como un coro de vientos:
habìa que coordinarlo todo
dejar el yo, por un momento, a un lado:
fundirse con el conjunto
en los grupos coreogràficos sucedìa algo muy similar
pero ahora estaba en medio de la noche, solo, escribiendo en un teclado de letras
y lo improvisado se fijaba mientras lo escribìa
las cargas de caballerìa hoy son, en exceso, inusuales
tensiòn y reposo: asì es la mùsica occidental: hoy en dìa amo la tradiciòn, no como cuando era un joven imberbe
y pretendìa transgredir aquello que desconocìa: nadie ama la tradiciòn tanto como el artista:
vean si no al joven bailarìn, absorbiendo como una esponja todo saber que se le presenta, inopinadamente o no:
en medio de sus condiscìpulos, procura hacer la coreografìa lo mejor que puede, como si eso no fuera poesìa:
se debate entre ardientes, arduas contradicciones, sometido a la doble coacciòn paradojal
por parte de sus progenitores, incluida su hermosa madrastra, con quien al comienzo se llevaba superbien, supèr,
pero ahora no: ahora se lleva como el reverendo orto, como el reverendo ojete
amo la oralidad coloquial, en el sentido del sexo oral o bucal, estruendoso, como una carga de caballerìa ligera
en las antiguas pelìculas en blanco y negro, ahora por internet;
fatalmente, las palabras le entraban por un oido y le salìan por el otro, como si nada
no asì la mùsica, la màs ferviente mente musical
casi lo ùnico, seguramente, que lo hacìa feliz, o menos o un poco menos infeliz
adònde estaba el tan mentado folklorismo o pintoresquismo del afamado y afiatado compositor?
no lo sabìa
sonaba la mùsica clàsica en medio de la noche
como si fuera lo ùnico existente en todo el universo
con todos esos interminables instrumentos
en esa grabaciòn, en ese arreglo,
esa melodìa maravillosa le llegaba al fin a travès de un ya antiguo cd
de todas maneras, no comprendìa ni entendìa demasiado, aunque eso casi no importara ya
escuchaba con el corazòn en la mano
con el alma en el suelo
con el corazòn en la boca
con los testìculos en el piso
como si fuera poco, eso era todo y no parecìa poco ni mucho menos:
acumulaba insensateces, catacresis caidas en desgracia o en el olvido
la orquesta continuaba tocando, generando por siempre sus elongados sonidos, melodìas
de pronto recordò que tambièn èl habìa formado parte alguna vez allà lejos y hace mucho tiempo
de una orquesta de señoritos, màs exactamente en la secciòn vientos:
no se podìa desafinar so pena de ser observado, señalado:
era como un coro de vientos:
habìa que coordinarlo todo
dejar el yo, por un momento, a un lado:
fundirse con el conjunto
en los grupos coreogràficos sucedìa algo muy similar
pero ahora estaba en medio de la noche, solo, escribiendo en un teclado de letras
y lo improvisado se fijaba mientras lo escribìa
las cargas de caballerìa hoy son, en exceso, inusuales