Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Se escribe por escribir,
como quien rellena un formulario del alma. Las palabras caen obedientes, alineadas, limpias, pero no tocan nada.
Se amontonan metáforas como muebles en una casa vacía,
símiles correctos, bien peinados,
figuras literarias que saben su nombre pero no su herida.
La página se llena
y el silencio sigue intacto.
No arde, no duele, no tiembla.
Es lenguaje sin pulso,
un eco que aprendió a sonar bonito
para no decir la verdad.
Porque cuando se escribe sin riesgo,
sin sangre en la sílaba
ni memoria en la palabra,
la prosa se vuelve ornamento,
y el poema, una excusa.
Y entonces uno entiende
que no todo lo que está escrito existe,
que hay textos completos
que no han vivido nada.
como quien rellena un formulario del alma. Las palabras caen obedientes, alineadas, limpias, pero no tocan nada.
Se amontonan metáforas como muebles en una casa vacía,
símiles correctos, bien peinados,
figuras literarias que saben su nombre pero no su herida.
La página se llena
y el silencio sigue intacto.
No arde, no duele, no tiembla.
Es lenguaje sin pulso,
un eco que aprendió a sonar bonito
para no decir la verdad.
Porque cuando se escribe sin riesgo,
sin sangre en la sílaba
ni memoria en la palabra,
la prosa se vuelve ornamento,
y el poema, una excusa.
Y entonces uno entiende
que no todo lo que está escrito existe,
que hay textos completos
que no han vivido nada.