Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escribes para luego darte el gusto
de tachar lo que has escrito y desahogarte;
tu boca, tantas veces estancada en la duda
se olvida del agua que la borra.
Nada llueve,
ninguna oración
suelta las trenzas de un piano
o se descuelga de la lágrima.
Escribes,
con las razones de un ciego
que no ve sus propias letras;
sin renuncias,
a martillazos con los clavos de la mesa
que la mantienen firme al suelo
por el que andas a trompicones,
con demasiadas piedras en los bolsillos,
y la suela de los zapatos desgastada:
Escribes,
manchándote los dedos con la tinta,
aún a sabiendas que siempre
será más lo que no has escrito.