Remo
Poeta recién llegado
Pereció aplastado por el tormento, resguardado por la tormenta, sangre abierta y piel sin orificios; con dolores, ligera fue su vida, no intentó a la lejanía llegar, quiso no pudo, amó no minó, la mesa despedazada terminó. El preámbulo utópico hallado, sencilla milla, paradoja en hojarasca, su frente se descubría acariciando la ventisca, rozando el fuego vivo y verde sin detenerse, de repente lo suprimieron, cayose al suelo, fueron los puños las únicas tenazas. El cabello suelto y la boca adormecida.
Describir, fragmentar lo infragmentable solo intentarlo no es muy posible, escribir a pluma sin sangrar el hálito, el ojo solo abre, no cierra, mantiene lánguida la tangible predisposición luminosa, ella desea ser vista pero no lo es, cuando quiere ser mirada es observada, cuando aparece solo lo hace aquel que la observa, sencilla como la llegada de la noche en la que los siete no han de verse plomos sin textura gravada, esculpida e incluso moldeada, al pasar son ellos mismos, cada uno distinto del anterior e idéntico al siguiente.
Marcelo Aurelio
Describir, fragmentar lo infragmentable solo intentarlo no es muy posible, escribir a pluma sin sangrar el hálito, el ojo solo abre, no cierra, mantiene lánguida la tangible predisposición luminosa, ella desea ser vista pero no lo es, cuando quiere ser mirada es observada, cuando aparece solo lo hace aquel que la observa, sencilla como la llegada de la noche en la que los siete no han de verse plomos sin textura gravada, esculpida e incluso moldeada, al pasar son ellos mismos, cada uno distinto del anterior e idéntico al siguiente.
Marcelo Aurelio
Última edición: