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Era el padre, era la madre

Piedad Acosta Ruiz

Poeta recién llegado
Era el padre,
era la madre,
enseñaba la virtud,
enseñaba a pensar.
Trataba incansable
que sus pequeños
no sintieran en casa
la ausencia de mamá.
¡Cuántos esfuerzos
por llenar cada espacio
de su colegio de felicidad!
fiestas de disfraces, dulces,
¡una entrega total!
para poder sus hijos cuidar.
A todos quería
una sonrisa arrancar,
y muy dentro de su corazón,
la desesperación acosaba,
había que pagar la luz, el agua,
había que mercar.
Pague aquí, mande allá,
corra de aquí para allá,
porque eres el papá,
porque ya mamá no está,
porque nos debes cuidar y alimentar,
porque nos debes la ropa lavar y planchar,
porque somos pequeños
y la mamí no volverá.
El pequeño que enfermaba,
y papá desesperaba,
¡cuánta, cuánta falta hacia en casa mamá!
pero allí estaba papá,
que le haría sanar,
¡qué bello papá!
Aunque los pequeños lloraran
al colegio siempre irían,
tendrían un caramelo,
un abrazo y un dulce beso de papá;
estudiarían y se alimentarían,
se harían grandes hombres y mujeres,
porque siempre trabajando,
haciendo milagros,
lavando, planchando,
cuidando a chicos y grandes,
enseñando a vivir y a pensar,
a otros universos,
de otros papás, de otras mamás,
robando sonrisas, aunque por dentro
se le escurriera el salado océano,
a su lado siempre tendrían a PAPÁ.
 
Era el padre,
era la madre,
enseñaba la virtud,
enseñaba a pensar.
Trataba incansable
que sus pequeños
no sintieran en casa
la ausencia de mamá.
¡Cuántos esfuerzos
por llenar cada espacio
de su colegio de felicidad!
fiestas de disfraces, dulces,
¡una entrega total!
para poder sus hijos cuidar.
A todos quería
una sonrisa arrancar,
y muy dentro de su corazón,
la desesperación acosaba,
había que pagar la luz, el agua,
había que mercar.
Pague aquí, mande allá,
corra de aquí para allá,
porque eres el papá,
porque ya mamá no está,
porque nos debes cuidar y alimentar,
porque nos debes la ropa lavar y planchar,
porque somos pequeños
y la mamí no volverá.
El pequeño que enfermaba,
y papá desesperaba,
¡cuánta, cuánta falta hacia en casa mamá!
pero allí estaba papá,
que le haría sanar,
¡qué bello papá!
Aunque los pequeños lloraran
al colegio siempre irían,
tendrían un caramelo,
un abrazo y un dulce beso de papá;
estudiarían y se alimentarían,
se harían grandes hombres y mujeres,
porque siempre trabajando,
haciendo milagros,
lavando, planchando,
cuidando a chicos y grandes,
enseñando a vivir y a pensar,
a otros universos,
de otros papás, de otras mamás,
robando sonrisas, aunque por dentro
se le escurriera el salado océano,
a su lado siempre tendrían a PAPÁ.



Muy sentido tu poema hecho realidad. Gracias por compartirlo
 
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